El arte de imaginar futuros: Un viaje utópico de lo posible a lo insólito

Cristina R. Yebra*

El futuro de la biosfera, y el de nuestra propia especie, depende ahora de nosotros mismos, no de las fuerzas naturales que han regido hasta hace muy poco tiempo

—Juan Luis Arsuaga, Vida, la gran historia


En literatura, una utopía hace alusión a una sociedad o comunidad que es ideal en cuanto al bienestar humano. Este bienestar puede referirse a diferentes ámbitos de la vida de las personas: políticos, sociales, económicos y/o ambientales. Sin embargo, en la edición de Ariel por el V Centenario de Utopía de Tomás Moro, la nota del editor plantea cierta ambigüedad respecto al concepto de utopía [1]:

Aún se debate si la utopía es un no-lugar (u-topos) o un buen-lugar (eu-topos), o un lugar que todavía no es pero debería ser. Tampoco está muy claro si lo que ofrece es un modelo para armar, una sátira de la realidad, una constructiva crítica social o un simple divertimento para la imaginación.

Más allá del concepto en sí, y visto con una perspectiva amplia, las utopías suelen ofrecer alternativas que llevan a reflexionar sobre la naturaleza humana y la posibilidad de un mundo mejor.

En este sentido, hay propuestas atemporales como La República de Platón y Utopía de Tomás Moro, mientras que otras se sitúan tiempos futuros más o menos próximos a la época de quien escribe.

Cabe preguntarse, por tanto, por qué unos autores hacen uso del futuro para ubicar su «no lugar» o «buen lugar», y otros no. Y, tal vez, la respuesta se encuentra en las visiones y el contexto del pensador o pensadora. Es decir, ¿es posible construir la utopía en el presente del autor?

De alguna forma, Platón escribió en La República un tratado sobre la polis ideal que se pudiera llevar a cabo en la antigua Grecia de los filósofos. Y, actualmente, el filósofo José Antonio Marina [2], en el ensayo Historia universal de las soluciones: En busca del talento político, habla de la Gran Política para buscar la felicidad tanto privada como pública de sus contemporáneos.

En cambio, ¿cuál era el contexto de las escritoras y escritores que trasladaron su visión utópica a una sociedad venidera? Y, de acuerdo con el enfoque de este texto, ¿por qué hay pensadores que plantean un «futuro posible», si la propuesta utópica explora temas con los que las personas están familiarizadas; otros «distante», aquel cuya sugerencia ya no resulta tan cercana a las personas, pero que podría ser; «singular», al combinar la utopía con la fantasía y la distopía para especular; o incluso «insólito», situado en un tiempo remoto, cuya historia está más cerca de la metafísica que de la realidad?

¿Hay alguna razón para elegir entre un futuro u otro, o tan solo es un ejercicio estilístico? No es posible responder a estas preguntas sin hacer una retrospectiva hacia el futuro de las propuestas publicadas en este género. A continuación, se analizan seis utopías seleccionadas desde el siglo XIX hasta la actualidad para tratar estas cuestiones.

Futuro posible

En el siglo XIX, el norteamericano Edward Bellamy (1850–1898) y el británico William Morris (1834–1896) imaginaron un tiempo por venir en torno al socialismo. Cuenta Erich Fromm [3], en el prólogo de El año 2000, que Bellamy escribió su obra durante la Revuelta de Haymarket y las «diez mil huelgas» (Chicago, 4 de mayo de 1886). Y explica: «Fue un período de gran riqueza y grandes necesidades. Un período de miseria y pobreza».

Dado el contexto, Bellamy plasmó en su novela la abolición de las condiciones que privan a la vida humana de su dignidad y a la persona de su capacidad para gozar de la vida. «Quería demostrar —dice Fromm— lo que sería la vida si estuviese organizada racionalmente, y no le interesó el retrato del futuro del hombre, al trascender de este primer paso hacia la verdadera sociedad humana».

Bellamy procedía, tanto por parte de madre como de padre, de familias de clérigos. En este aspecto, para Fromm, la idea del socialismo humanístico reflejado en la obra de Bellamy está relacionada con la de la gran tradición norteamericana, representada en el pensamiento de Whitman,Thoreau y Emerson. Y aclara: «La expresión religiosa de Bellamy es de amor y solidaridad, de unión, de esta sintonía del hombre con el hombre, del hombre con la naturaleza, del amor hacia la especie humana».

Por su parte, recoge el Diccionario de lugares utópicos [4]; que William Morris nació en el seno de una familia de clase media en Walthamstow, una comunidad semi-rural cercana a Londres. Y que formó parte del movimiento Arts and Crafts Movement, cuyos miembros estaban «Preocupados por el avance de la mecanización industrial y el aniquilamiento del trabajo manual y creativo».

Y añade:

Así, Morris se declaraba públicamente como socialista revolucionario, pero con una marcada preocupación artística y estética: a la defensa de la independencia de la clase trabajadora y la abolición de la propiedad privada, Morris agregaba una obsesión por la protección de edificios antiguos de las nuevas y depredadoras técnicas de restauración modernas. Sin la promesa de liberación del socialismo, en el futuro no podría existir arte más que para unos pocos.

En cuanto a la utopía de Morris, dice así Martín P. González: «News from Nowhere era un libro pensado para debatir al interior del campo intelectual del socialismo angloamericano. Por un lado, Ninguna Parte se contraponía a la ciudad de Boston futurista descripta por el socialista norteamericano Edward Bellamy en Looking Backward (1888). […] Por otro lado, también se alarmaba con la expansión de la vertiente fabiana del socialismo. La Fabian Society se había fundado en 1884, rechazando la concepción revolucionaria del marxismo y proponiendo, en cambio, una doctrina de transición gradual hacia el socialismo».

Posteriormente, en los años 70, una época caracterizada por la toma de conciencia medioambiental, se publica Ecotopía de Ernest Callenbach (1929–2012). Este autor, procedente de una familia de granjeros en Williamsport (Pensilvania), construye un mañana donde los ecologistas alcanzan el poder.

Sobre su utopía, cuenta Callenbach [5], en el epílogo a la primera edición en castellano, que «Los orígenes del libro Ecotopía hay que buscarlos, convenientemente, en las alcantarillas». Como refiere el Diccionario de lugares utópicos [6]: «[…] la inquietud que dice movilizó toda la novela fue el mal uso de las aguas residuales y cómo a partir de su aprovechamiento se podría mejorar la calidad de vida y la relación con la naturaleza».

Y Lucas Emmanuel Misseri continúa:

Hay una serie de tensiones en la novela que muestran su carácter complejo y el aspecto utópico «realista», es decir, su calidad de deseable y posible. Callenbach leyó revistas científicas para describir gran parte de las invenciones que caracterizan a Ecotopía: las casas de plástico, los trajes de «pluma», el videófono, la televisión interactiva, los coches eléctricos, la energía solar y mareomotriz, etc.

Dentro de estos ejercicios futuristas, Bellamy sitúa su utopía socialista en la ciudad de Boston del año 2000 (un siglo después de su época), mientras que Morris imagina un Londres rural en algún momento indeterminado del siglo XXII (dos siglos después). Y más adelante, Callenbach presenta una utopía ecologista en Ecotopía, un país independizado de los Estados Unidos en 1980 (menos de una década después).

Como se observa, estos escritores no percibían sus visiones de forma inmediata, de ahí que optaran por trasladarlas fuera del presente. Aun así, al margen del momento en el que se desarrollan estas obras, los temas que tratan resultan familiares tanto para los lectores de su tiempo como para los actuales, y no causan extrañeza. Esto es, se puede apreciar como un futuro posible.

Futuro distante

Marge Piercy (Detroit, Míchigan, 1936), contemporánea de Ernest Callenbach, imagina, en Mujer al borde del tiempo (1976), una utopía feminista, ecológica y antirracista en la comunidad de Mattapoisett, una pequeña ciudad costera situada en Massachusetts, y rodeada de bellezas naturales (Diccionario de lugares utópicos [7]).

¿Qué diferencia a Piercy de los otros escritores para hacer esta sugerencia? Sin duda, el punto de vista. Mattapoisett es una alternativa futura al presente de su protagonista: Connie Ramos, una mujer chicana de un barrio pobre de Nueva York, que es encerrada injustamente en una institución mental [8]. En esencia, es una alternativa a la sociedad patriarcal, clasista y xenófoba en la que vivía la autora en aquella época.

En su propuesta, Marge Piercy plantea que los nacimientos sean artificiales y que se haga uso de la ingeniería genética para crear individuos de piel oscura y de aspecto andrógino. A este respecto, el Diccionario de lugares utópicos precisa:

[…] al crear una raza híbrida mixta, mezcla de todos los grupos étnicos, con una piel que tiende a negra y ofrece sujetos andróginos, y liberar a las mujeres del embarazo y del parto, lo que la autoridad utópica pretende es desmontar las corruptas tendencias sociopolíticas tradicionales y afirmar un sistema más inclusivo y justo para toda la comunidad, y no solo para su parte blanca, masculina, heterosexual y capitalista. El racismo no puede existir si solo existe una raza. Ni tampoco el patriarcado, si las mujeres ya no están predestinadas biológicamente a ser madres.

Por otro lado, Mattapoisett es una comunidad ecomatriarcal. Y según manifiesta Elisabetta Di Minico: «[…] no es un mundo de ciencia ficción con elementos hipermecanizados, sino un pueblo rural de 600 personas que viven bucólicamente rodeados de flores, arboles, ríos y animales, donde cuidan los unos de los otros y se respetan la flora y la fauna».

Como cabría esperar, Marge Piercy sitúa este ejercicio imaginativo en el mañana, en este caso, en el siglo XXII (un siglo y medio después), al igual que la utopía de William Morris. Sin embargo, mientras que la utopía rural de Morris propone una época de descanso sin apenas tecnología, Piercy opta por el uso de una tecnología avanzada. De ahí su característica de distante, quizá sea un futuro que podría ser, pero con el que ni las personas de su tiempo ni las actuales están todavía familiarizadas.

Futuro singular

Si el socialismo era un tema de interés para Bellamy y Morris, el ecologismo para Callenbach, y para Piercy, además, el feminismo y el racismo; Sofía Rhei (Madrid, 1978) reflexiona, en Newropía: Elige tu propia utopía (2020), sobre el consumismo de la época actual y lo lleva a nuevas cotas en un tiempo no muy lejano.

Newropía especula sobre una Europa dirigida bajo dos gobiernos coordinados: el Sistema Simpático, capitalista y tecnológico, y el Parasimpático, ecologista y prosocial. En este escenario contrapuesto, el continente europeo está dividido en microestados donde, como en un parque temático, los turistas pueden elegir una utopía a la carta. Desde ciudades recreadas en los años 80 hasta otras más exóticas y extrañas. Incluso las hay habitadas por brujas, capaces de alimentarse de cualquier materia vegetal, con un lenguaje basado en un femenino genérico, y que están vetadas a los hombres. En definitiva, cualquier utopía soñada está disponible en la Europa del año 2065.

En palabras de la propia autora [9]:

Quería que el libro criticara aspectos de las infecciosas culturas europeas, sin forzar una caricatura de sus identidades nacionales; deseaba expresar mis percepciones sobre este momento clave para las responsabilidades individuales en la historia de una especie que se enfrenta a su posible extinción, y quería descubrir cuál sería, desde mi punto de vista, esa propuesta utópica que tanto echo a faltar en la ficción.

Desde un punto de vista futurista, la utopía/distopía que presenta Sofía Rhei se podría clasificar como singular. La combinación de elementos propios de la fantasía o la distopía para especular, o el hecho de situarla poco después de mediados de este siglo, así como incluir una especie de «bufé libre de utopías», hace difícil percibirla como una posibilidad, pues, más bien, genera extrañeza, rechazo. Con todo, esta «utopía distópica» le permite poner el punto de vista en la necesidad de un cambio de paradigma para evitar futuros, acaso, más singulares del que retrata.

Futuro insólito

Por último, en 1953, se publica El fin de la infancia de Arthur C. Clarke (1917–2008), una utopía en la que una raza alienígena, los superseñores, sirve de guía a la humanidad para eliminar la ignorancia, la enfermedad, la pobreza y el temor, y consigue que la guerra sea tan solo un recuerdo del pasado [10].

En plena Guerra Fría entre Estados Unidos y la Unión Soviética, y después de dos Guerras Mundiales, es lógico que Clarke se preguntara: ¿cuál es el propósito de la vida? ¿Cómo se alcanzaría una era de paz y prosperidad en la Tierra? ¿Cuál será la última etapa en la evolución del ser humano?

De alguna manera, en ese contexto, Arthur C. Clarke se daba cuenta de que la humanidad necesitaba de una inteligencia superior para eliminar la guerra y alcanzar, así, la paz. Pues veía a las personas demasiado infantiles para trascender a los juegos de guerra y dar un paso más en la evolución.

El fin de la infancia invita a reflexionar sobre la frontera entre lo conocido y lo desconocido, lo natural y lo inmaterial. Para ello, Clarke explora la idea de la evolución más allá de los límites de la biología y lleva a la humanidad a un encuentro con lo sublime: la «Supermente».

En este sentido, Juan Luis Arsuaga [11], en el ensayo Vida, la gran historia: Un viaje por el laberinto de la evolución, encuentra similitudes entre el «Punto Omega» del paleontólogo Pierre Teilhard de Chardin y la «Supermente» de Clarke. Y refiere lo siguiente:

Al menos en sus novelas El fin de la infancia y 2001. Una odisea del espacio (1968), Arthur C. Clarke parece participar de alguna forma de una visión parecida a la de Teilhard de Chardin, aunque no religiosa: la de una supermente cósmica hacia la que nos dirigimos y que nos atrae. Ella habría guiado las grandes transiciones de la evolución, sobre todo la última.

Arsuaga agrupa a estos autores, cuyas tesis se alejan de Darwin, bajo el lema de «algo maravilloso va a ocurrir». Y explica:

[…] todos ellos aspiran a borrar la frontera entre el vulgar mundo natural (el corriente y normal) y el mundo prodigioso, milagroso o sobrenatural. Algo maravilloso, que no saben concretar pero que es brillante, bello y, sobre todo, está lleno de amor, va a suceder en el futuro. Y la prueba, sorprendentemente, está en el pasado.

Ahora bien, la obra de Clarke es emocionante al proponer una evolución final de la humanidad en la que subyace el «sentido de la maravilla». Una perspectiva, como manifiesta Arsuaga, que resulta especialmente atractiva para una especie como la nuestra que se debate entre el altruismo y el egoísmo, entre el grupo y el individuo.

El fin de la infancia es un viaje insólito hacia un tiempo remoto de la especie humana. Un viaje que requiere la intervención de una raza extraterrestre más evolucionada para trascender a la propia humanidad, es decir, para poner fin a la infancia de la especie.

Inventar el futuro

Esta retrospectiva hacia futuros utópicos muestra que, al margen de cualquier ejercicio estilístico, el situar la utopía fuera del presente se hace como una necesidad del tema sobre el que se especula. De acuerdo con lo anterior, dependiendo del contexto y de las preocupaciones de los autores, la utopía imaginada se percibe más o menos próxima a la realidad de quien escribe o bien de quienes leen, ya sean estos sus contemporáneos o las personas actuales.

Tal vez, con el paso del tiempo, el socialismo que especularon Bellamy o Morris sea una propuesta distante o singular para las generaciones venideras que, sin embargo, puedan vivir con normalidad el uso de la ingeniería genética para modificar su biología.

En cuanto a si el futuro será o no será ecológico, dependerá de las acciones del presente. Y en función de ello, si la devastación del planeta es un hecho, Ecotopía será para los futuros habitantes una visión insólita, pues la realidad ha superado a la Europa distópica que sugiere Newropía. También se puede soñar con un tiempo mejor e imaginar que las ciudades y pueblos del mañana serán verdes. Y quizá, de algún modo, se pueda experimentar ese «sentido de la maravilla» de El fin de la infancia.

O, como dice Arsuaga:

[…] yo tampoco me cuento entre los que creen que algo maravilloso va a ocurrir, aquí en la Tierra y a nosotros. Creo que algo maravilloso está ocurriendo, o por lo menos podemos hacer que ocurra. Es posible soñar, en efecto, con la promesa de una humanidad futura que sea mucho mejor que la actual, viviendo en un planeta realmente maravilloso junto con el resto de las especies con las que hemos coevolucionado. Y creo en que podemos alcanzarlo con nuestras propias fuerzas, las de los seres humanos, todos los seres humanos unidos, seamos o no poseedores de una visión mística.

Y como cierre, se recoge la frase con la que finaliza el libro Vida, la gran historia: «El mejor modo de predecir el futuro es inventarlo».

(*) Cristina R. Yebra es bióloga y escritora de ficción especulativa. En su página web de autora, puedes descargar gratis «Después del fuego», una precuela corta de su primera novela (en fase de publicación). Letra Utopía, su blog literario, reflexiona sobre la diversidad de visiones utópicas y el espacio fronterizo con las distopías y otros (sub)géneros.

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Referencias

  1. Utopía de Tomás Moro (Ariel, 2017).
  2. Historia universal de las soluciones: En busca del talento político de José Antonio Marina (Ariel, 2024).
  3. El año 2000 de Edward Bellamy (Capitán Swing, 2011).
  4. Diccionario de lugares utópicos (Martín P. González, «Ninguna Parte», Juan Pro (dir.), Sílex Ediciones, 2022).
  5. Ecotopía de Ernest Callenbach (Trazo Editorial, 1980).
  6. Diccionario de lugares utópicos (Lucas Emmanuel Misseri, «Ecotopía», Juan Pro (dir.), Sílex Ediciones, 2022).
  7. Diccionario de lugares utópicos (Elisabetta Di Minico, «Mattapoisett», Juan Pro (dir.), Sílex Ediciones, 2022).
  8. Mujer al borde del tiempo de Marge Piercy (consonni, 2020).
  9. Newropía: Elige tu propia utopía de Sofía Rhei (Minotauro, 2020).
  10. El fin de la infancia de Arthur C. Clarke (Minotauro, 2021).
  11. Vida, la gran historia: Un viaje por el laberinto de la evolución de Juan Luis Arsuaga (Destino, 2019).

Imágenes: Stable Diffusion, NIghtCafe

Yebra, Cristina R. “El arte de imaginar futuros: Un viaje utópico de lo posible a lo insólito.” Adyacente posible (blog), November 14, 2024. https://adyacenteposible.com/2024/11/14/el-arte-de-imaginar-futuros-un-viaje-utopico-de-lo-posible-a-lo-insolito/.

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