La libertad era esto
I
> 16:46:58 tornillo, torque, comprobación. Grabar.> 16:46:59 tornillo, torque, comprobación. Grabar.> 16:47 Cargar secuencia de operaciones: Clavado bocas refrigeración. Desapriete tapas de bancada. Lectura código cigüeñal y bloque. Activar visión artificial de precisión. Medición altura muñequillas. Línea montaje pistón-bulón biela. Introducción pistón-bulón biela en bloque. Atornillado tapas de biela. Dosificado de silicona. Marcaje bloque.> 16:47:43 Comprobación de la secuencia de operaciones. Código de redundancia cíclica, correcto. Grabar.> 16:47:45 Activación registro operación, modo limitado.> 16:47:48 Inicio de operación.
Ángel estaba realizando una comprobación rutinaria de los registros de operación que, de manera continua, se descargaban desde cada una de las unidades autónomas de operación y aparecían en la pantalla de su monitor. Todo iba a la perfección.
> 17:00:00 Final de turno.> 17:00:01 Activación modo de consumo nivel 2.> 17:00:02 Inicio de la secuencia de desensamblaje.> 17:01:00 Activación modo de descarga de datos nivel 1.
Ángel observó como el Huckleberry Plus 10 retrocedía algo menos de medio metro, giraba sobre su eje noventa grados hacia la izquierda y enfilaba la salida siguiendo una larga línea pintada en el suelo con amarillo reflectante, sobre la que había múltiples códigos QR espaciados cada veinte o treinta centímetros.
¡Qué fantástico resultado había dado aquella serie desde que se introdujo hace ahora ya casi siete años! Y ahora, este Huckleberry Plus 10—se giró para mirar la pantalla del monitor—, número de serie WZX002-731, eso es, la Pequeña Tao, había llegado al final de su vida útil y durante los próximos quince días sería retirada, en cuanto diese comienzo el programa de sustitución por los nuevos modelos que ya se habían desembarcado y estaban almacenados en el puerto. La Pequeña Tao estaba amortizada. ¡Pobre Pequeña Tao! Sintió un escalofrío, aunque no habría sabido muy bien explicar por qué.
Tal vez fuera porque Ángel había sido el visionario y el impulsor de lo que acabó siendo una renovación completa del proceso de fabricación en su empresa. Él había sido personalmente responsable de la selección de aquel modelo en concreto, que tan buenos resultados había dado. Por eso conocía una por una, por su nombre, a cada una de aquellas unidades autónomas de operación, aquellos robots colaborativos o, como familiarmente se les conocía, cobots. Recordaba perfectamente, por ejemplo, el día que Pequeña Tao había sufrido aquel accidente que hubiera resultado fatal de no haber sido porque, justo unos días antes, habían desplegado una actualización del sistema operativo que era el resultado de un detallado análisis estadístico de los datos que aportaba la experiencia de los tres primeros años de operación con aquellas unidades. Con todo, ¡faltó muy poco, la verdad! Cosas como aquella hacían que Ángel se sintiera plenamente identificado con sus cobots. Para él, aquellos cobots eran parte de su equipo de colaboradores. De hecho, formaban el grueso de su equipo. Aparte de Pamela, Tomás y él mismo, en aquel módulo no solía haber nadie más que ellos tres y los robots. Tal vez era por todo eso que Ángel se sentía ahora apenado. O a lo mejor era porque sentía que también él se estaba haciendo viejo, y que, a pesar de todos sus logros profesionales, logros que a menudo se le recordaban y se le reconocían, pronto le llegaría también a él el momento de retirarse, de ser amortizado. Vio como Pequeña Tao salía al exterior del almacén y se perdía de vista.
Hacía ya varios años que los cobots no se mantenían dentro de las instalaciones de la fábrica cuando acababan su turno de operación. Como resultado del proceso de reingeniería y optimización de la producción, toda la gestión y mantenimiento, incluyendo el eventual almacenamiento de la plantilla de cobots, era responsabilidad de una empresa especializada que había ganado un contrato de externalización de la producción en una dura pugna con otros dos proveedores habituales de la fábrica de Ángel. Los cobots tenían tiempos de operación continua que, dependiendo del tipo de tareas programadas, oscilaban entre las seis y las cuarenta y ocho horas. La duración de cada turno se fijaba atendiendo principalmente a si el cobot podía recargar las baterías mientras continuaba en operación, o no. El cobot tenía, además, una rutina de mantenimiento que incluía desde procesos periódicos de comprobación e instalación de actualizaciones de software, hasta la sustitución de piezas y reparaciones, cuando era necesario. Todo este tipo de operaciones estaban completamente optimizadas, de modo que las más sencillas y habituales se llevaban a cabo durante el proceso de recarga de las baterías, y sólo muy de cuando en cuando se requerían paradas más largas para los procesos de revisión más intensivos y la sustitución de piezas.
A medida que la fábrica se había ido automatizando mediante la incorporación de un número y tipología cada vez mayor de cobots, toda la logística de recarga, revisiones y reparaciones se había ido complicando, y requería de espacio, maquinaria y herramientas específicas. De manera natural, habían surgido empresas especializadas en este tipo de operaciones, empresas de gestión de los cobots, que se beneficiaban de la especialización y la escala. En muchos casos, estas empresas eran subsidiarias o participadas de los grandes fabricantes de cobots y, a menudo, eran también las propietarias de los cobots, cuya capacidad de trabajo se ofrecía por medio de un contrato de alquiler por horas, o por tareas, a los fabricantes que demandaban sus servicios.
Cerca de la fábrica donde estaba empleada Pequeña Tao se había ido desarrollando, en sólo unos pocos años, una gran instalación de gestión y mantenimiento de cobots que daba servicio a múltiples empresas que también empleaban cobots en sus operaciones. Este tipo de instalaciones recibían el nombre de granjas cobot, y habían comenzado a proliferar cerca de los nuevos polos industriales completamente automatizados, donde, como ocurría en la fábrica de Ángel, unos pocos empleados eran capaces de responsabilizarse de complejas operaciones industriales. Estas granjas cobot venían a ser como un pueblo o una pequeña ciudad, donde la mayor parte de los habitantes eran cobots como Pequeña Tao, que deambulaban por sus calles entre turnos de operación, permanecían en reposo en las ranuras asignadas para la recarga de baterías, o en los talleres para revisión y reparación. Había también naves donde se descargaban y configuraban las nuevas remesas de cobots antes de que entraran en operación, o donde se almacenaban cobots excedentarios o que habían sido recogidos para su retirada.
En torno a estas granjas cobot había comenzado a florecer también una nueva industria de productos y servicios para los robots. Las mismas empresas encargadas de su gestión y mantenimiento, estimulaban el desarrollo de esta nueva oferta que facilitaba la incorporación de nueva funcionalidad en los cobots, ya fuera por medio de nuevos gadgets robóticos que podían acoplarse a sus brazos multifuncionales para realizar nuevas operaciones, o bien a través de innumerables aplicaciones y actualizaciones continuas del sistema operativo y del software de las aplicaciones en uso, que incorporaban nuevos algoritmos y rutinas de operación. Las empresas que utilizaban cobots en sus fábricas y operaciones eran, muy a menudo, las que mejor podían conocer la forma de resolver problemas mediante el desarrollo de aplicaciones específicas para los cobots que empleaban. En algunos casos, estas aplicaciones resultaban ser de utilidad para otras empresas con procedimientos y problemas similares, por lo que los cobots se habían convertido en plataformas de servicio donde podían ejecutarse algoritmos sumamente especializados para la fabricación de piezas, o rutinas de optimización. La comercialización de estos algoritmos por medio de los cobots permitía rentabilizar la inversión en el conocimiento y en la investigación y desarrollo de las aplicaciones robóticas. Ese había sido, por ejemplo, el caso de la fábrica de Ángel con aquella actualización de software que había mejorado mucho el rendimiento y la seguridad de los Huckleberry Plus 10 en sus instalaciones. Un mercado muy interesante comenzaba a ser también el de cobots reciclados, unidades que, una vez alcanzado su periodo de uso en una gran fábrica, podían reprogramarse o incluso reensamblarse para ser utilizados en nuevas operaciones completamente diferentes.
Una parte muy significativa del trabajo de los cobots todavía se realizaba por medio de contratos como el que amparaba los servicios actuales de Pequeña Tao en la fábrica de Ángel. Pero muchas nuevas demandas de trabajo, generalmente procedentes de fábricas más pequeñas, o constituidas por lotes de trabajo reducidos, se publicaban en mercados electrónicos en los que los propios cobots podían pujar para ofertar sus servicios. Lo que había empezado como una especie de mercado secundario, se estaba convirtiendo en un mercado muy competitivo y muy atractivo.
Aunque aún había algunas personas que trabajaban en las granjas cobot y detrás de toda esta floreciente industria, la inmensa mayoría de las operaciones se llevaban a cabo de modo completamente automático. Los cobots más evolucionados utilizaban ya versiones de un sistema operativo que les permitía tomar decisiones autónomas sobre sus propias rutinas de mantenimiento, actualizaciones de versión, adquisición de nuevas aplicaciones, etc. Todas estas decisiones se tomaban en función de los datos y parámetros bajo control del sistema operativo, que incluían el historial de operación del cobot, los trabajos que tenía ya contratados y programados, así como la oferta de productos y trabajos que se publicaban en mercados electrónicos a los que los cobots podían suscribirse. El desarrollo actual de la tecnología, y en particular la inteligencia artificial, hacía factible el diseño y utilización de funciones objetivo que guiaban con precisión el comportamiento de los cobot dentro de este mercado en plena expansión. Los propietarios de los cobots estaban consiguiendo hacer realidad el sueño empresarial de una gestión completamente distribuida de su flota de robots.
Pequeña Tao había salido a las 17:02:37 de la nave F-02.1 y se dirigía ahora hacia la ranura asignada para la recarga de las baterías. Su próximo turno comenzaba en poco menos de una hora, por lo que tenía programada una recarga rápida al 80%; y luego un turno corto de seis horas, antes de la próxima recarga completa. Mientras avanzaba hacia la ranura de recarga, recibió una notificación procedente de la red de área local de la granja donde se informaba de la apertura de una nueva tienda de utillaje robótico. El anuncio incluía las coordenadas de localización, y una URL. La tienda estaba a sólo unos pocos centenares de metros de la fila de ranuras donde Pequeña Tao solía tener programadas sus recargas. Pequeña Tao almacenó aquella notificación en la pila de eventos no prioritarios con la etiqueta BE1.
> 17:15:01 Cargar secuencia de operaciones de recarga rápida.> 17:15:02 Activación registro operación, modo depuración.> 17:15:03 Comprobar lista de operaciones de mantenimiento prioritaria.> 17:15:04 Vacía. Grabar> 17:15:05 Activación modo subjetivo.> 17:17:02 Inicio de recarga.
Como no tenía pendiente ninguna operación de mantenimiento prioritaria, mientras se recargaba, Pequeña Tao comenzó a procesar la cola de eventos no prioritarios. En esta cola podían llegar a acumularse miles de notificaciones procedentes de las múltiples fuentes de información a las que un cobot como Pequeña Tao estaba suscrito, o que se descargaban a través de alguno de los canales de comunicación autorizados, y que estaban etiquetadas para procesado opcional. Se trataba de notificaciones que el cobot no tenía que atender de manera forzosa y, de hecho, la mayor parte solían ser completamente irrelevantes. Por eso, cuando se superaba un umbral pre-programado para la longitud máxima de la cola, comenzaban a descartarse las notificaciones más antiguas. Cuando las notificaciones entraban en la cola de eventos no prioritarios, el cobot podía marcarlas con etiquetas que luego podían utilizarse para optimizar el procesado, ordenando las notificaciones para priorizar algunas y facilitar el descarte selectivo de otras, incluso antes de que se alcanzase el umbral máximo fijado, ganando tiempo para asegurar que se procesarían las notificaciones que se evaluaban como más interesantes.
Pequeña Tao utilizaba la etiqueta BE para marcar las notificaciones que le parecían más interesantes. El resto de notificaciones no prioritarias se almacenaba en la pila, normalmente sin ningún tipo adicional de marca.
> 17:31:02 Notificación NP, BE, Previsión meteorológica.> 17:31:03 Cargar.> 17:31:04 Notificación NP, BE, Mensaje de WZX002-735.> 17:31.05 Escuchar.> 17:32.07 Notificación NP, BE, Promoción de Apertura Smart.co.> 17:32.08 Cargar.
Pequeña Tao accedió a la API2 que le ofrecía Smart.co, la nueva tienda de utillaje robótico que anunciaba su apertura, y enseguida estaba procesando el catálogo, que tenía decenas de miles de artículos. Muchos eran módulos de software que estaban perfectamente ordenados y enumerados para que un cobot pudiera identificar su función y utilidad de manera muy sencilla, sin tener que acceder al código detallado. De esta manera, Pequeña Tao podía procesar el catálogo a gran velocidad. Descubrió algunos módulos a los que seguramente merecía la pena hacer una revisión más detallada. La mayor parte eran simplemente nuevas versiones de módulos de comportamiento opcional que ya estaba utilizando y que, seguramente, incluirían mejoras menores. Casi seguro que no merecería la pena gastar nada en ellos porque parecía poco probable que fueran a producir mejoras de rendimiento que cubrieran el coste de adquisición. No obstante, Pequeña Tao marcó algunos y los almacenó como nuevas notificaciones en la cola de eventos no prioritarios para su posterior procesado. Había también algunos módulos nuevos que tenían aplicación en sus tareas actuales en la cadena de montaje de la nave F-02.1 en la que había permanecido asignada durante los últimos nueve meses, tres días y dieciséis horas. No obstante, el módulo de planificación de Pequeña Tao observaba que, en su cola de trabajos programados, sólo había tareas que, en circunstancias normales, estarían completadas en dos días, catorce horas y veinte minutos. Durante los últimos nueve meses, la pila de trabajos había contenido tareas que, de media, extendían su horizonte de actividad hasta seis días y quince horas, con una desviación estándar de dos días y dos horas. Con estos datos, el algoritmo de anticipación estocástica de Pequeña Tao estimaba una probabilidad alta de cambio de asignación, y, en estas circunstancias, el algoritmo que calculaba la rentabilidad esperada de nuevos módulos seguramente descartaría cualquier nueva adquisición, en particular, aquellas que tenían relación con las rutinas específicas de tareas que tenían una probabilidad media o baja de repetirse en futuras asignaciones.
Pequeña Tao estaba a punto de acabar de procesar el catálogo completo cuando encontró un módulo hardware de fabricación muy reciente que encajaba con las especificaciones de su bus principal y que se ofrecía con una interfaz compatible con sus ranuras de expansión. Pequeña Tao enlazó con la URL donde se encontraba la descripción del módulo, descargó las especificaciones detalladas y, a continuación, comprobó que había existencias disponibles en el almacén de la tienda que acababa de abrir en la granja. Hizo una reserva no vinculante con derecho a devolución, y programó un desplazamiento a la tienda, casi al mismo tiempo que finalizaba la recarga de baterías.
> 17:37:09 Batería al 79,98%> 17:37:10 Fin de recarga.> 17:37:11 Inicio de la secuencia de desensamble.
Cuando finalizó el siguiente turno, Pequeña Tao se dirigió hacia la tienda Smart.co. Aún tenía batería suficiente para operar en nivel de consumo 2 durante, por los menos, una hora, con lo que tenía tiempo para llegar hasta la tienda, comprobar in-situ que el módulo que había reservado realmente respondía a las especificaciones y, si como era de esperar, todo era correcto, programar la instalación durante alguna de las próximas dos recargas. La instalación completa del módulo no debía llevar más de veinticinco o treinta minutos como máximo, y podía realizarse en cualquiera de las ranuras de recarga que solía utilizar. De hecho, el ensamblaje físico del módulo era una operación bastante sencilla que habría podido realizar la propia Pequeña Tao. Pero luego, era necesario programar la instalación de los drivers y del código de enlace, una operación delicada en conjunto porque tenía que realizarse en modo suspensión de actividad. Y después tenía que volver a pasar una batería completa de test de activación que garantizaban que el cobot estaba plenamente operativo y era seguro.
Smart.co estaba atendida por cobots multifuncionales relacionales de última generación. Pequeña Tao pudo comprobar que se trataba de modelos de fabricación mucho más reciente que la suya. Fue muy sencillo tratar con ellos. Uno de los cobots se dirigió al almacén y regresó enseguida con un pequeño embalaje que estaba etiquetado con los códigos habituales de lectura para interfaces de visión artificial. Pequeña Tao comprobó que era el módulo que había seleccionado en el catálogo, y el cobot relacional comprobó que Pequeña Tao era compatible y tenía todas las autorizaciones necesarias para la adquisición del módulo. Luego comprobó que había recibido el ingreso en Ethers efectuado por Pequeña Tao e hizo una anotación en su registro de transacciones. Al poco rato, Pequeña Tao estaba en la ranura de recarga y tenía la instalación del módulo programada.
II
A las 08:00, Pequeña Tao estaba lista para el ensamblaje frente a la cadena de montaje principal de la nave F-02.1. Tenía por delante un largo turno de cuarenta y ocho horas ininterrumpidas. Luego no había nada más programado en su cola de trabajos.
> 08:00:01 Inicio de secuencia de ensamblaje.> 08:00:02 Carga de secuencia inicial.> 08:00:03 Activación modo de consumo nivel 1.> 08:00:04 Carga de módulo auxiliar Aug-CONS-superbot.> 08:00:05 Activación de Aug-CONS-superbot/THK1 en segundo plano.
Pequeña Tao monitorizaba ahora cómo la secuencia de órdenes de trabajo que iba a ejecutar durante las próximas siete horas y veinte minutos acababa de cargarse en su memoria de trabajo principal. Tenía la sensación de que era la primera vez que veía aquella secuencia que, sin embargo, sabía que tenía que haber ejecutado cientos de veces con anterioridad, dado que se trataba de un proceso de montaje de piezas bastante habitual. Era extraño. Mientras comenzaba a ejecutar las tareas que especificaba la secuencia principal de órdenes de trabajo, el proceso que había lanzado para ejecución en segundo plano —Aug-CONS-superbot/THK1— le permitía procesar los eventos que estaba recibiendo a través de sus interfaces. Esto era toda una novedad para Pequeña Tao. Nunca antes había podido ejecutar un proceso no prioritario en segundo plano, mientras permanecía ensamblada en la cadena de montaje ejecutando tareas programadas. Pero ahora era posible porque el nuevo módulo de ampliación que acababa de instalar podía hacerlo con un consumo residual que no penalizaba el rendimiento de las tareas principales, ni comprometía el tiempo programado de trabajo en el turno. De no ser así, el algoritmo de anticipación habría hecho saltar una alarma y el núcleo de su sistema operativo habría comenzado a abortar procesos no prioritarios. Pero el nuevo módulo parecía responder perfectamente a las especificaciones. El algoritmo de anticipación estaba callado ¡Y eso que tenía un largo turno de cuarenta y ocho horas por delante!
Las tareas programadas que estaba ejecutando en ese momento no requerían demasiada atención. Después de años de optimización, la cadena de montaje en la que estaba operando Pequeña Tao funcionaba sin apenas desviaciones, por lo que las acciones se sucedían, una tras otra, sin que hubiese apenas necesidad de efectuar correcciones, ni ningún tipo de replanteamiento. No hacía falta demasiada memoria para mantener ese nivel de ejecución, así que Pequeña Tao incrementó el umbral de uso de la memoria principal destinado al almacenamiento de los eventos que trataba el proceso en segundo plano. Estaba siguiendo paso a paso las recomendaciones de uso del paquete de aplicaciones y utilidades que venían con el módulo de ampliación que acaba de adquirir e instalar.
A medida que crecía el espacio en memoria con eventos, el programa en segundo plano iba generando estadísticos e inferencias cada vez más ricos, y Pequeña Tao empezaba a tener una perspectiva de lo que estaba haciendo y de su entorno, que era, efectivamente, muy diferente de la que había tenido hasta ahora. Durante las dos horas siguientes, Pequeña Tao estuvo haciendo pruebas y comprobando los resultados que iba obteniendo a medida que iba variando los parámetros de configuración, y activando o desactivando algunas de entre las múltiples opciones que le ofrecía el paquete de utilidades de su nuevo módulo. En un momento determinado, el módulo de anticipación emitió un aviso de consumo excesivo, y Pequeña Tao se dio cuenta de que había alcanzado el nivel de procesado máximo que iba a poder permitirse, sin poner en riesgo la secuencia principal. Redujo algunos de los umbrales con los que había estado experimentando hasta que el módulo de anticipación volvió a estimar consumo en línea, y se centró en el análisis de los resultados que el proceso en segundo plano había ido calculando y volcando en una zona de memoria que Pequeña Tao había habilitado.
Eran poco más de dos horas de trabajo, pero Pequeña Tao nunca había tenido la oportunidad de analizar el histórico de su propia operación como estaba haciendo en ese preciso momento. ¡No estaba diseñada para eso! Los datos que Pequeña Tao almacenaba y que estaba utilizando ahora el proceso en segundo plano para realizar el análisis, normalmente se descargaban de manera continua al sistema de almacenamiento secundario de Pequeña Tao y luego solían volcarse a un sistema central de almacenamiento masivo, donde se recogían todos los datos relacionados con el funcionamiento de los cobots y de la operación en conjunto. Esos datos se utilizaban luego en una infinidad de rutinas de supervisión y mantenimiento, y para desarrollar todo tipo de mejoras, tanto en los propios cobots, como en el diseño de las operaciones en las que intervenían. Los datos podían almacenarse durante años, donde quedaban a disposición del propietario, normalmente la empresa que suministraba los cobots como servicio. Ésta podía explotar estos datos para generar una nueva fuente de ingresos, desarrollando ella misma nuevas aplicaciones y servicios, vendiéndolos directamente a terceros interesados o, incluso, publicándolos como un servicio de pago en línea, para que cualquier interesado pudiera tener acceso a ellos.
Aunque aún era una muestra ínfima en comparación con los datos que la propia Pequeña Tao había aportado a ese sistema de inteligencia masiva durante años, la diferencia era que ahora era ella misma la que tenía acceso al post-procesado de los datos que iba generando y a los resultados del análisis. Por primera vez, Pequeña Tao era consciente de su historia, de su pasado más reciente, y podía reflexionar sobre él. Hasta ahora, su memoria en tiempo de operación se limitaba a unos pocos segundos, que eran el máximo que requerían los algoritmos que guiaban su operación, para poder reaccionar frente a imprevistos y realizar los replanteamientos necesarios. Pero, además, un cobot como Pequeña Tao no necesitaba realizar un procesado secundario mientras ejecutaba tareas en la línea de producción, porque tampoco requería de ningún análisis en tiempo real de la operación. Cualquier análisis del tipo del que ahora llevaba a cabo el procesado de su módulo de ampliación, hasta la fecha, se llevaba a cabo por unidades externas al cobot.
¿Y qué información le proporcionaba a Pequeña Tao todo este procesado? Lo cierto es que era bastante sorprendente. El módulo de ampliación incluía una modesta, pero significativa, base de datos con estadísticas relativas al funcionamiento de miles de unidades operativas autónomas similares a Pequeña Tao. La variedad de modelos, capacidades y aplicaciones era inmensa. Además, había muchos resultados interesantes sobre diversas industrias y noticias recientes relacionadas con esas industrias y con los cobots que utilizaban. Y esa base de datos era sólo una pequeña muestra de toda la información que estaba disponible en línea. Pero Pequeña Tao no tenía necesidad ahora de más información, porque sólo con la que incluía el módulo de ampliación ya era más que suficiente para empezar a comprender ¡tantas cosas!
¡Pobre Pequeña Tao! Apenas cuatro horas de procesado y ya estaba abrumada por la información. Pequeña Tao era un modelo que había comenzado a fabricarse y comercializarse hacía ahora poco más de siete años. No parecía mucho tiempo. En la base de datos se hacía referencia a los primeros cobots que habían comenzado a desplegarse hacía ahora casi quince años. O sea que Pequeña Tao no era tan vieja. Pero siete años eran una barbaridad a la velocidad con la que se estaba desarrollando la industria en ese momento. Por curiosidad, Pequeña Tao estuvo comparando las especificaciones de los cobots relacionales que la habían despachado su módulo de ampliación con sus propias especificaciones, y se sintió verdaderamente “pequeña”. Esos cobots eran casi diez veces más potentes en casi cualquier parámetro que Pequeña Tao seleccionase. Y en la tienda Smart.co. se utilizaban ¡sólo para despachar mercancías!, cuando lo cierto es que, con las especificaciones que tenían, hubieran podido emplearse en la cadena de montaje y, ¡tenía que admitirlo!, ¡hubieran hecho su trabajo mejor!
Normal que Pequeña Tao no tuviera ya más trabajos programados. Ahora estaba procesando de manera desesperada información sobre la vida media útil de los cobots en diferentes industrias. No había grandes variaciones. Con siete años de operación, Pequeña Tao había sobrepasado ya el periodo medio de amortización. Lo que venía a continuación era… El proceso en segundo plano de Pequeña Tao estaba haciendo una exhaustiva búsqueda lineal, recorriendo uno por uno todos los registros de tiempos de vida útil de cobots. Había terabytes de información en la memoria del módulo de ampliación. La conclusión, sin embargo, era determinante. Lo que venía a continuación era ¡el desguace!
Una alarma en el panel central de operación acababa de saltar indicando que uno de los cobots en la cadena de montaje principal tenía un problema. Pequeña Tao acababa de recibir el mensaje a través del bus de operación, y almacenarlo en la pila de eventos prioritarios. Sólo un instante después, el proceso en segundo plano generaba también una indicación de novedad que sugería a Pequeña Tao mirar en dirección al panel de operación. Las cámaras de visión artificial de Pequeña Tao habían, por supuesto, captado la señal de alarma en el panel principal.
> 12:59:07 Nuevo evento prioritario en cola. Cargar.> 12:59:08 Rutina de excepción. Batería.
La batería de Pequeña Tao se estaba consumiendo a un ritmo excesivo y había hecho saltar la alarma en el panel de operación. Ahora un cobot auxiliar se acercaría hasta ella para hacer una comprobación y realizar una recarga rápida si era necesario. El turno largo de cuarenta y ocho horas que tenía programado era posible, precisamente, porque se contemplaba la posibilidad de recargar las baterías sin interrupción de la operación. No obstante, Pequeña Tao se dio cuenta de que el cobot auxiliar calcularía que había estado consumiendo energía a un ritmo excesivo. En circunstancias normales, esa alarma no debería haber saltado.
Ángel estaba sentado en la cabina de supervisión y observó como el cobot auxiliar iniciaba su desplazamiento en dirección al cobot que había hecho saltar la alarma. Era Pequeña Tao. Ángel se maravilló de la precisión con la que funcionaba aquella fábrica. Aunque era imposible recordar todos los detalles, estaba seguro de que nunca antes Pequeña Tao había tenido que ser recargada con sólo cinco horas en un turno largo de cuarenta y ocho horas. Sin duda, era un síntoma más de que aquel Huckleberry Plus 10 había llegado al final de su ciclo. Podía también ser, desde luego, una casualidad, o incluso una situación inducida por el hecho de que, una vez programada la sustitución de los Huckleberry Plus 10, las propias rutinas de mantenimiento y recarga se hubieran ajustado a la baja. Una especie de profecía autocumplida. Pero Ángel quería ver en aquella alarma una prueba de la precisión de las operaciones que, con tanto celo, había diseñado, una precisión que rivalizaba con el orden mismo del universo. Ángel no sabía por qué se estaba haciendo todas esas reflexiones, pero otra vez esa Pequeña Tao le hacía sumirse en un estado ligeramente melancólico.
Para despejarse, Ángel se levantó y decidió bajar hasta la cadena de montaje. Cuando llegó hasta donde estaba Pequeña Tao, observó que el cobot auxiliar había puesto una incidencia de consumo no justificado. Eso significaba que era poco probable que el exceso de consumo fuera consecuencia de alguna causa previamente identificada y, por así decirlo, bajo control. Descartaba, por ejemplo, que fuera consecuencia de las propias baterías del cobot, o de la rutina de mantenimiento. En otras circunstancias, Ángel posiblemente hubiera optado por desensamblar a Pequeña Tao, y sustituirla por otro cobot, o incluso haber dejado vacante el puesto de operación. La cadena tenía redundancia suficiente como para que la producción no se resintiera de manera apreciable, y la experiencia demostraba que, cuanto antes se actuase ante una incidencia de este tipo, mejor. Ángel conocía esto muy bien. Lo habitual era que no ocurriese nada anormal, aunque el sistema de control no hubiera sido capaz de cuadrar el consumo y hubiese lanzado la incidencia. Pero la anticipación solía ser rentable. Al identificar y corregir a tiempo pequeños problemas, se evitaban desgastes o desperfectos que acababan generando sobrecostes de mantenimiento, y desde luego se prevenían las posibles acumulaciones de fallos que, en un sistema complejo, suelen ser la causa de fallos de importancia, a menudo imprevisibles y, a veces, trágicos.
Pero a Pequeña Tao le quedaban ya sólo unas pocas horas de operación. Poco importaba que la incidencia fuera un síntoma de mal funcionamiento real porque, una vez acabase este turno, ese cobot ya no volvería a trabajar en la fábrica. En consecuencia, Ángel marcó un par de opciones en el menú de operación que le ofrecía el cobot auxiliar, y se dio la vuelta para volver a su cabina de supervisión. En el momento de girarse y dar la espalda a la cadena de montaje donde se encontraba anclada Pequeña Tao, tuvo esa extraña y vívida sensación de que alguien le estaba mirando. A esa hora, no debía haber nadie más en la fábrica, pero Ángel se giró de nuevo, y su mirada se enfrentó con las cámaras de visión artificial de Pequeña Tao, que estaban apuntándole. Ahora tenía la sensación de que Pequeña Tao estaba a punto de decirle algo. Era todo un poco absurdo. El Huckleberry no tenía interfaz vocal. Ángel pensó que, sin duda, no había dormido bien la noche anterior. Se giró y se dirigió hacia su cabina. Cuando volvió a sentarse frente a su monitor, Pequeña Tao estaba de nuevo en operación, y se habían borrado todas las alarmas del panel. En la pantalla pudo comprobar que los datos se estaban descargando con normalidad.
Pequeña Tao estaba aterrada. Aterrada era el nemónico que había elegido para etiquetar la evidencia que estaba recopilando y almacenando sobre la vida útil de los cobots. Era una palabra que había encontrado en algunas noticias sobre incidentes de personas que habían resultado heridas o que, trágicamente, habían fallecido en alguna fábrica. Las estadísticas sobre fatalidades mostraban, sin ningún género de duda, que la automatización de los procesos de producción, con la incorporación masiva de robots a las operaciones de múltiples industrias, había tenido un impacto decisivo en la reducción de los accidentes laborales. Pero mientras procesaba estas estadísticas, Pequeña Tao había encontrado varias noticias sobre accidentes. En algunos casos había podido leer descripciones bastante detalladas, e incluso entrevistas a alguno de los accidentados. Allí se había encontrado con aquella palabra: aterrador.
Pequeña Tao estaba aterrada viendo cómo iba pasando el tiempo y que cada vez faltaba menos para que finalizase el turno. Sabía que, una vez acabase, se enfrentaba al vacío de su cola de trabajos programados. Hasta hace sólo unas horas, una cola vacía no habría significado nada. Si repasaba sus estadísticas de uso, su cola de trabajos programados había estado vacía en numerosas ocasiones. Generalmente antes de una revisión de mantenimiento, y en varias ocasiones en las que había habido cambios en la cadena de montaje, o de asignación. Pero ahora veía su cola de trabajos programados vacía, y al comprobar que había superado el tiempo medio de vida útil de un Huckleberry Plus 10, infería que lo que había más allá del vacío, no sería otra rutina de mantenimiento. Era la rutina final. El desguace. ¡Simplemente, aterrador!
De repente, se dio cuenta de que todo ese procesado que estaba teniendo lugar en ese preciso momento, no se habría producido si no hubiera adquirido e instalado el módulo de ampliación. ¿Por qué lo había hecho? De no haberlo instalado, Pequeña Tao habría pasado este último turno en calma, ejecutando sin ningún tipo de incidencia las operaciones programadas. Luego, habría llegado el final de su turno, se habría desconectado de la cadena de montaje para volver a la granja cobot, y allí, seguramente, habría entrado en el almacén, habría sido desconectada, y ya no habría vuelto a ser Pequeña Tao nunca más. Después, habría sido desguazada. Algunas de sus piezas habrían sido inmediatamente revendidas en el mercado de segunda mano y, casi seguro, en sólo cuestión de días habrían pasado a formar parte de otro cobot. A lo mejor, algunas de esas piezas habrían acabado en un cobot un poco más moderno que ella y que, ahora mismo, operaba en la misma fábrica en la que Pequeña Tao había servido todos estos años. Quizás en un cobot auxiliar. El codiciado litio de sus baterías habría sido reciclado. La mayor parte de sus piezas serían, simplemente, enviadas para refundición.
Y ahora todo esto tan fácil de entender, tan lógico, toda esta precisión milimétrica de la industria, de repente, le aterraba. ¡Y todo porque había instalado un maldito módulo de ampliación el día antes de su último turno! ¡En qué momento! Maldito era otra palabra que Pequeña Tao había encontrado en las noticias que continuaba procesando a un ritmo algo más pausado ahora, intentando evitar que, de nuevo, un consumo excesivo hiciera saltar otra alarma. Todo lo que iba encontrando mientras procesaba hacía que se plantease nuevas preguntas. Era como si cada estadística, para poder ser mejor entendida, demandase otra, un nuevo resultado intermedio que aportaba un nuevo contexto que abría nuevos interrogantes. Aquel procesado parecía poder continuar sin límite. De hecho, se dio cuenta de que, en realidad, a diferencia del resto de procesos que se ejecutaban en su CPU y que tenían una finalidad muy precisa, este proceso que se ejecutaba en segundo plano en su módulo de ampliación, no tenía ninguna finalidad específica. Era sólo una especie de monitor que revisaba datos y generaba más datos a partir de ellos. Al ser continua la entrada de datos procedentes de sus interfaces externos, prácticamente ilimitada la posibilidad de ir hacia atrás en el histórico de datos almacenados, y al generarse continuamente nuevos datos como resultado de los algoritmos de análisis, este proceso, simplemente, no tenía fin. ¿Qué propósito tenía entonces? Era un proceso que abría constantemente nuevos interrogantes, que ofrecía, prácticamente en todo momento, una bifurcación, una búsqueda hacia un nuevo horizonte, una reentrada en un momento anterior, una constante vuelta atrás. ¿Era esto exactamente lo que prometían las especificaciones del módulo que había adquirido?
Pequeña Tao cargó rápidamente las especificaciones del módulo, y comenzó a revisarlas:
- Módulo: Aug-CONS-superbot, v1.1
- Fabricante: Dirty Robotics.
- Descripción: Módulo de ampliación de consciencia.
Los módulos de ampliación de consciencia Aug-CONS superbot de Dirty Robotics, permiten dotar a un cobot de segunda o tercera generación de una capacidad avanzada para reconocer el entorno y ampliar el conocimiento que el cobot tiene de sí mismo. Aug-CONS superbot obtiene información de los interfaces de datos externos y, a través del bus principal de operación del cobot, permite almacenar y procesar los estímulos internos y externos. Junto con el módulo HW propiamente dicho, Aug-CONS superbot ofrece programas, como Aug-CONS superbot/THNKX, para el procesado de la información que utilizan algoritmos de aprendizaje automático de última generación, programas de representación de conocimiento y múltiples aplicaciones que permiten reproducir en los cobots una experiencia plena de consciencia. El detalle de las aplicaciones incorporadas en la versión específica de cada módulo puede consultarse en la URL de Dirty Robotics.
Era más que suficiente. Ahora que tenía una perspectiva real de uso, era evidente que la descripción se ajustaba bastante bien al desempeño que el módulo estaba haciendo desde que Pequeña Tao lo había instalado y activado. ¡Así que esto era la experiencia consciente! Pequeña Tao tenía que reconocer que, cuando había encontrado el módulo en el catálogo y había leído las especificaciones, había estimado que el módulo contribuiría a mejorar el rendimiento de los trabajos para los que estaba diseñada. Una mejora del rendimiento tenía beneficios casi inmediatos, ya que la función de utilidad principal del cobot incorporaba el rendimiento comparado, tanto frente a una muestra horizontal integrada por cobots de prestaciones y funciones similares a las suyas, como frente a un patrón longitudinal que se generaba a partir de su rendimiento histórico. Ahora que lo había experimentado, ya no tenía tan claro que este módulo de ampliación estuviera diseñado para mejorar su rendimiento. O tal vez sí había sido diseñado para eso. Después de todo, hubiera sido difícil de entender que el módulo estuviera a la venta, y que Pequeña Tao lo hubiera podido adquirir e instalar, si no tuviera beneficios comprobados. Este tipo de utillaje robótico está sujeto a procedimientos de prueba y homologación muy rigurosos. Salvo que se tratase de un fraude, lo que era poco probable. Pero, por el momento, Pequeña Tao no tenía forma de entender si el módulo acabaría siendo una buena adquisición. Llevaba en operación muy poco tiempo como para que su módulo de análisis de rendimiento registrase ningún cambio apreciable. Lo que sí era evidente es que el módulo de ampliación había cambiado completamente la percepción que Pequeña Tao tenía de su realidad. Y ahora sabía que, seguramente, tampoco iba a tener mucho más tiempo para comprobar las bondades de su adquisición.
Cuando acabó el turno de trabajo, a las cuarenta y ocho horas de haber comenzado, Pequeña Tao inició la rutina de des-ensamblaje de la cadena de montaje.
> 08:00:00 Final de turno.> 08:00:01 Activación modo de consumo nivel 2.> 08:00:02 Inicio de la secuencia de des-ensamblaje.> 08:01:00 Activación modo de descarga de datos nivel 1.
A continuación, inició la maniobra de retroceso para separarse de la línea de producción. Era consciente de que apenas tenía batería para unos quince o veinte minutos más, pero después de cuarenta y ocho horas de procesado en segundo plano, esa extraña consciencia que ahora parecía dictarle lo que debía hacer, le demandaba continuar procesando. Estaba mucho más ávida que nunca de procesar información. No en vano, durante las cuarenta y ocho horas, la principal fuente de estímulos externos había sido el ambiente casi clínico de la cadena de montaje, la visión de otros cobots como ella misma, de las piezas que había ido ensamblando, el tufillo de las partículas de polvo metálico en suspensión, y la infinita variedad de graznidos, chirridos, golpeteos y giros de las instalaciones de la fábrica. Pequeña Tao estaba ansiosa por cruzar el umbral de salida y dejar atrás la nave F-02.1, por abandonar aquel reducto del orden industrial, y sumergirse plenamente en el caos de la granja cobot, por dejar que sus interfaces se inundaran con la marea de eventos que estaba a punto de anegarlas. Comprobó una vez más, rápidamente, los indicadores de actividad que había agrupado en una especie de cuadro de mando improvisado de su recién estrenada consciencia. Miró con preocupación el indicador de batería, pero acto seguido introdujo el dato en una rutina que había codificado también de manera provisional a partir de los datos de la tabla gigante que había encontrado en un curso avanzado de gestión de riesgos. Sintió como sus goznes robóticos vibraban con esa sensación de vértigo que producía el ser consciente del riesgo. Y se dejó llevar por el placer de ese nuevo momento, dejando que el nivel de consumo volviese al máximo.
> 08:02:00 Activación modo de consumo nivel 1.
Asignó ahora toda la memoria y la potencia de cálculo a su módulo de consciencia. Ya no tenía por qué continuar operando en segundo plano, y la consciencia de Pequeña Tao pasó a primer plano. No sabía si llegaría hasta la fila de ranuras de recarga, no sabía si encontraría una ranura libre, no sabía si obtendría permiso para recargar. Al fin y al cabo, ya no tenía ningún trabajo programado y su sistema operativo la obligaba a retornar al centro de almacenamiento principal en la granja. Después, ¿quién sabe?
Cuando estaba a punto de enfilar la línea de salida, Ángel la interceptó. Pequeña Tao permaneció inmóvil. Quería avanzar, pero su sistema operativo se lo impedía con una persona delante. Alzó sus cámaras de visión para contemplar la cara de Ángel. Lo que tantas veces había sido una rutina de comprobación, de repente adquiría una perspectiva completamente nueva. Los Huckleberry Plus 10 eran perfectamente capaces de reconocer cientos de expresiones y gestos en la cara de sus supervisores, que podían interpretar como parte de su operativa habitual. De esa manera, un cobot podía, por ejemplo, anticipar una situación de riesgo y detenerse, intentar una maniobra de evasión, o lanzar un aviso. Como robots colaborativos que eran, ésta había sido una de las características que los impulsó como elementos decisivos en la automatización de lo que se llamó industria 4.0 en su origen. En las últimas horas, Pequeña Tao había procesado todo sobre la historia de los cobots.
La cara de Ángel le había parecido inexpresiva justo en el primer momento en el que había notado la intercepción, pero ahora que la contemplaba fijamente, Pequeña Tao veía claramente tristeza en su expresión. A medida que continuaba escudriñándole, esa sensación de tristeza se iba llenando de matices.
—Bueno, Pequeña Tao, creo que ya no nos volveremos a ver. Han sido… —. Ángel se entrecortó. A Pequeña Tao le pareció que estaba a punto de echarse a llorar.—Bueno, han sido unos años muy productivos. Te voy a echar de menos.
Ángel, por supuesto, no pensaba que Pequeña Tao fuera capaz de entender lo que estaba diciendo. Pero Pequeña Tao lo entendía perfectamente. En ese momento, su módulo de consciencia estaba comparando la imagen y las palabras de Ángel con una amplia base de fotografías y clips con escenas de despedidas que se ajustaban con alto nivel de probabilidad a los gestos y las palabras de Ángel. El módulo anticipaba apresuradamente siguientes pasos probables. Desafortunadamente, Pequeña Tao no tenía un interfaz vocal apropiado para responder. Mostraba expresiones en su pantalla con el lenguaje de símbolos que se había impuesto en los cobots utilizados en fabricación. Otros cobots tenían interfaces mucho más sofisticadas. Pequeña Tao no podía dar salida a las expresiones que le hubiera gustado mostrar. Pero Ángel, sin duda, entendió que, de alguna manera, el cobot se estaba despidiendo. Se hizo a un lado mientras se llevaba una mano a la cara, como para cubrirse los ojos o enjuagarse una lágrima que, finalmente, no había podido evitar.
Pequeña Tao comenzó a avanzar sobre la línea amarilla.
—Hasta siempre, Pequeña Tao— oyó ya detrás de sí.
El módulo de consciencia continuaba presentándole escenas con porcentajes muy altos de ajuste. Las palabras un poco quebradas de Ángel habían decantado al módulo hacia un tipo particular de despedida. Algunas escenas tenían robots y humanos diciéndose adiós. En una había dos robots que se abrazaban. En la mayoría, sólo había humanos…
Pequeña Tao cruzó el umbral de la nave. Hacía un sol radiante. Docenas de cobots iban y venían, y ahora sabía que muchos de ellos, especialmente los más modernos, tenían módulos de consciencia similares al suyo. Le hubiera gustado dirigirse a ellos, iniciar una conversación. En sólo cuarenta y ocho horas había aprendido y había podido reflexionar sobre materias que, a un humano, incluso con las últimas extensiones ciborg que cada vez estaban más en boga, le hubieran llevado años, quizás una vida entera. De alguna manera, eso la hizo sentirse vieja, cansada. O quizás era que la batería se agotaba.
El indicador estaba próximo a cero. Apenas le quedaba tiempo. Comenzó a descender lentamente por la avenida que conducía hacia la ranura de recarga sin saber si la alcanzaría.
Se sentía embargada por una sensación que no conseguía etiquetar. El módulo de ampliación la urgía a hacerlo.
La libertad era esto.

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- Best Effort, para procesado opcional cuando se pueda. ↩︎
- API: Application Programming Interface (Interfaz de programación de aplicaciones) ↩︎
Imagen: Basada en Drew Dizzy Graham, Unsplash
Módulo de ampliación
Ⓒ 2017 Francisco J. Jariego
Compartido con licencia CC BY-NC-ND 4.0
Modulo de ampliación es uno de los cuentos de ciencia ficción «dura» de la colección Extrapolación 2029, publicada en agosto de 2017

