Hans y los insectos
Agustín de Foxá narra la historia de Hans, un ingeniero forestal sueco especializado en combatir plagas de insectos, que es hallado muerto por sus vecinos. En las memorias que descubren en una habitación secreta. Hans desvela cómo había desarrollado la tecnología necesaria para comunicarse con insectos como hormigas y abejas mediante ondas de radio, descifrando sus lenguajes y aprendiendo sobre sus complejas sociedades.
El narrador introduce a Hans:
Pretendía que las abejas, las hormigas y las termes estaban más avanzadas que el hombre en su organización social y que eran el espejo de la futura Humanidad, que se aproximaba.
Los insectos –afirmaba, mientras encendía la pipa de tabaco rubio, que olía a miel y vertía el whisky– saben hacer individuos a capricho, regulan los nacimientos, tejen, recolectan, viven y mueren generosamente para la comunidad. No sé por qué los hombres hemos de considerarnos los protagonistas de la Tierra”
Otro de los vecinos, don Mariano, se exalta:
¡Son cien millones de años —afirmó enfáticamente— anteriores a la aparición del hombre! Son el soviet auténtico. Poseen un esófago común. Comen sus excrementos, edifican ciudades con su cemento de seis metros de altura. Poseen jeringas venenosas. Reyes y guerreros. Hablan con las antenas. Son, desde hace millones de años, enemigas de las hormigas. ¿Qué significan, al lado de estos combates, las guerras púnicas?
En las memorias de Hans descubren la larga historia de la civilización de las hormigas y las abejas:
Allí en dos gruesos cuadernos estaba escrito un brevísimo resumen de su inmensa historia. Leímos frenéticos.
Hormigas
La historia comenzaba con las “ponerinas”, las “prehormigas”
—Su hombre-mono —apuntó don Mariano, aún con resabios de Darwin.
De pronto, ¡oh milagro! surgió un nombre. En su espantoso comunismo, brotó un individuo.
Este historiador hablaba de las primitivas hormigas, de hace millones de años, todavía individualistas, indefensas, sin instinto social, reunidas en pobres hormigueros de diez o doce individuos.
Después aparecían los grandes Imperios, los reformadores, los guerreros célebres, los profetas. A finales del periodo terciario (…) nació un Reformador.
El, contra la voracidad de los primeros pájaros de picos con dientes y alas de murciélago, fue quién predicó el entrar en la Tierra, el renunciar al sexo, a las alas, al cielo azul, en honor de la Especie. Practicó la ceguera, la castración, la muerte del Yo.
Cuando surgió el Hombre –con su maza, su fuego y su culto a los muertos entrevistos en los sueños de la caverna–, el hormiguero fundó la Monarquía de las hembras.
Abejas
El tomo de las abejas era más alegre y perfumado, más fresco y poético. Hans había también conectado su misteriosa emisora con las rezumantes colmenas.
Los nombres de sus grandes pensadores son más pronunciables que los de las hormigas, pues no emiten telegramas, sino que producen ruidos, rumores; ¡el zumbido de la colmena!
Y un día esplendoroso de primavera, a una señal convenida, estalló la colosal subversión de las abejas, superior en dramatismo a la caída del imperio romano. El Rey fue asesinado, borracho de néctar, en su propia cama. La misma Reina lo atravesó con su espada. La matanza de machos fue espantosa e implacable, pues ni la moral ni la piedad han llegado jamás al universo de los insectos. No se sabe por qué misteriosos medios la consigna se extendió a todas las colmenas de la Tierra.
A partir de entonces y a imitación de las hormigas, perfeccionaron de una manera prodigiosa el polimorfismo, la diversidad de formas. Con dietas habilísimas y secretas crearon a su voluntad reinas, obreras y soldados tan diferentes que parecen seres de otra especie. A diferencia de los hombres creadores de máquinas (..) las abejas inventaron cuerpos. Siguieron fabricando zánganos, pero únicamente para la fecundación y el cruento sacrificio.
Todo esto sucedió a mediados del período terciario, cuando los que iban a ser grandes mamíferos eran unos diminutos roedores huidizos entre las rocas.
—Aquí Hans—dijo don Mariano— habla de los mosquitos del dengue, de los de la malaria o paludismo, de las langostas de tierra. También se ha comunicado con ellos.
Y se desvela el misterio….
—Aquí está la clave del misterio, esto lo explica todo.
Me rodearon.
—¿Qué es?
Les mostré un libro que tenía por rótulo «Alianzas».
¿Comprendéis por qué Hans no utilizaba ningún insecticida para combatir a estas plagas del campo, y por qué se hacía pagar, lujosamente, sus campañas? Los contratos le llovían. Los Gobiernos se lo disputaban.
Sabía explotar al individualismo como una bomba atómica entre los tediosos insectos sociales. Podía dar un nombre y salvar a la neurona del inmenso cerebro colectivo, transformarla en héroe o heroína; podía introducir la muerte individual, hasta entonces ignorada, en su inmortalidad colectiva
Sin embargo, Hans no pudo con ellos.

Agustín de Foxá y los insectos
Soy conde. Soy gordo. Soy diplomático. ¡Soy académico! ¿Cómo no voy a ser reaccionario?
En el ensayo Agustín de Foxá y la literatura especulativa, Mariano Martín1 nos ofrece un trabajo2 tan exhaustivo sobre su obra que, tal como destaca en la reseña de Literatura Prospectiva, hace superfluo cualquier acercamiento posterior. Sirva esta afirmación, que comparto, para justificar su uso como guía para acercarnos a las ideas de Agustín de Foxá sobre las sociedades de insectos, los paralelismos con las sociedades humanas del presente y, como todo apunta, quizás incluso más con las del futuro.
La figura literaria de Agustín de Foxá es uno de los mejores ejemplos en España de cómo la ideología y el «canon» literario van en detrimento de una apreciación sin sesgos de la originalidad de ideas y reflexiones (en su contexto histórico y cultural), así como de la estética de la obra de un creador. Foxá estaba familiarizado con el fandom y el creciente interés por la ciencia ficción en España. Su relación con ella es ambigua, pero es evidente que reconocía y que quiso y supo aprovechó su valor. Su adscripción ideológica y su obra literaria más “canónica” lo han mantenido, sin embargo, convenientemente encasillado3:
…hasta el punto de que la ciencia ficción española, como la misma historia de nuestra literatura, ha ignorado, salvo contadas excepciones, la existencia de esta dimensión en su obra. Así se ha privado a sí misma de uno de los pocos escritores que podrían rivalizar con los cultivadores extranjeros más notorios de la modalidad especulativa, que él conocía hasta en sus manifestaciones paraliterarias norteamericanas coetáneas.
Foxá estaba genuinamente fascinado por el futuro, lo que no es sino una paradoja más en su personalidad y en sus procedimientos literarios:
…unas veces anacrónicos y otras de una modernidad, al menos temática, mucho más avanzada de lo que era habitual en la literatura española de su época. Foxá gustaba en extremo de mirar imaginativamente al porvenir, de forma que su inspiración más profunda no era únicamente, ni mucho menos, un pasado idealizado que se empeñara en resucitar no solo artística, sino políticamente.
Su obra especulativa en todo caso no pasó completamente desapercibida para algunos de sus brillantes contemporáneos, como Francisco Umbral:
El teatro de Foxá es exótico y malo. Teatro poético, que es lo peor que se puede hacer. En cambio, acierta plenamente, al margen de sí mismo, con Hans y los insectos
O como Luis Sagrera, autor de la primera (y única) monografía sobre la obra literaria completa de Foxá, quien declaró que el relato Hans y los insectos le parecía «sin duda, el más perfecto y acabado de los de Foxá».
Superiores a sus novelas son sus cuentos, entre los que los hay de rango excepcional. Es preciso remontarse a las Leyendas de Bécquer para, salvadas las grandes diferencias estilísticas y temáticas, encontrar en nuestra literatura contemporánea algo como Hans y los insectos. Este apólogo es uno de los mejores con que cuenta la literatura castellana.
Los insectos no son desde luego el único tema que por el que se interesó Agustín de Foxá en su obra más especulativa. La naturaleza del tiempo y la historia, la conquista del espacio y la vida extraterrestre, el papel ambivalente de la ciencia y la tecnología, la bomba atómica y la autodestrucción de la humanidad, el envejecimiento de la sociedad, o el arte, la literatura y su lugar en la sociedad son otros de los temas que abordó y que recoge la antología de Mariano Martín.
Pero el interés de Foxá, como el de su protagonista Hans, por la entomología y las sociedades de insectos están presentes de manera directa o alusiva en muchas de sus obras de ficción, y son el tema en el que quiero poner el foco ahora.

Artículos en ABC
Hans y los Insectos se publicó en el diario ABC el 6 de diciembre de 1953, pero la fascinación de Foxá por los insectos es evidente desde los comienzos de su carrera como escritor y ensayista. Utilizó con frecuencia el símil de las especies de insectos sociales (termitas, hormigas, abejas) para anticipar un posible proceso de uniformización completa de la humanidad, en una sociedad cada vez más mecanizada, un temor que transciende su preocupación política por los modelos comunistas y que contempla tendencias sociales más amplias que muestran la tentación constante de una organización colectiva que erosiona la individualidad.
En un artículo titulado “Profecías y símbolo de las termitas” (ABC, 17 de febrero de 1935), Foxá nos ofrece su visión con extraordinaria claridad y concisión. El artículo comienza con una cita4 de La Vie des termites (1926) de Maurice Maeterlinck, uno de sus referentes, que sirve además para reflexionar sobre el uso de la de la ciencia ficción y la utopía para la exploración de mundos posibles:
Nuestros utopistas han buscado en los límites donde la imaginación se pierde, los modelos de las futuras sociedades, cuando tenemos a la vista sociedades tan fantásticas, tan inverosímiles, y quién sabe si tan proféticas como las que pudiéramos encontrar en Marte, Venus o Júpiter.
El hombre “moderno” parece seguir el ejemplo de los insectos sociales. La «silueta de nuestra civilización inmediata» se percibe en los rascacielos y oficinas que parecen colmenas, en la propia uniformización del arte moderno, que pasa de la artesanía al diseño industrial de los productos en serie.
Foxá reconoce la diferencia fundamental entre los dos tipos de sociedad:
Las termitas no orientaron su civilización hacia la mecánica, hacia la radio, el auto o el gramófono. En vez de fabricar máquinas, construyen individuos. De huevos idénticos ellas sacan quince especies diferentes, porque el polimorfismo es la gloria de su cultura.
Pero se pregunta:
¿Qué profecía terrible oculta el termitero? Un mundo subterráneo se aproxima también para el hombre; las termitas podrían vestir monos de mecánico, y no sería exótico, en su mundo, el zumbido de nuestras dinamos. Campos de cultivo, obreros, soldados, disciplina, orden, dureza; cada uno en su sitio, y el amor una simple cifra de natalidad.
Y anticipa o teme una posible convergencia, un mundo colectivizado que «acaso sea más justo, seguramente será más inteligente», pero en el que el precio que habrá que pagar es la renuncia a la estética y, por supuesto, al sexo, puesto que la pasión individual contradice el impulso uniformizador.
Porque únicamente cuando el hombre no vea la vidriera, ni el códice, ni la tabla primitiva, ni el terciopelo, ni ese lujo de los ojos que es un cortejo, cuando no desee el pecho de Venus, los labios de la Gioconda y la mirada de Beatriz; cuando esté ciego y castrado y no tenga más Norte que el trabajo y el estómago, entonces del fondo de la tierra surgirá la tenebrosa cosmópolis, la ciudad cruel y subterránea, entre aceites de máquinas y obreros vestidos de azul, que ignoren a la Luna.

En Los cráneos deformados (ABC, 10 de marzo de 1948) Foxá se pregunta si los antiguos incas podrían haber deformado los cráneos con objeto de «moldear el pensamiento» y crear castas, estableciendo una analogía directa con insectos sociales como las hormigas o las abejas. Y a continuación establece una conexión con la sociedad del momento, argumentando que la publicidad y los medios de comunicación metafóricamente «deforman los cráneos desde dentro», lo que conduce a la pérdida del pensamiento individual y a una peligrosa «sociabilidad» similar a la de «la masa».
En Lo práctico (ABC, 9 de abril de 1950) critica la idolatría moderna de la eficiencia, que transforma los hogares en «fábricas para vivir» y a las familias en «materia prima de ese taller biológico».
En Las alas enterradas (ABC, 6 de enero de 1952), refuerza esta idea, afirmando que la humanidad se está «orientando incontrolablemente hacia lo colectivo», reflejando el cuerpo colectivo de los insectos sociales. Observa esta tendencia en ámbitos que van desde los deportes de equipo hasta los medios de comunicación y el Estado omnipotente, lo que conduce a un «hormiguero humano» con una «moralidad social impecable, como los insectos sociales», carente de amor, posesiones o libre albedrío, donde la libertad se convierte en «el mayor crimen». La «hormiga burguesa y egoísta» devora a la «cigarra romántica e individualista», sepultando la personalidad y el libre albedrío.
Pero algún día, si todo continúa como se ha orientado desde principios de siglo, los historiadores, y no los naturalistas, se harán idéntica pregunta. ¿Es la Humanidad un solo hombre gigantesco y los hombres individuales, las células ciegas de ese enorme cuerpo echado, como gigante que reposa, sobre los mapas de los cinco continentes?
El estado será pronto nuestro dios. Estamos ya medidos, pesados, tallados y registrados por él, sin escape posible
¿No será entonces el mayor crimen la libertad?
En Cuatro noticias (ABC, 19 de diciembre de 1952) Foxá analiza el potencial de los «cerebros electromecánicos» para gobernar el mundo futuro, lo que lleva a la esclavitud humana y a la manipulación de las mentes por parte de una élite científica que actúa como los «sacerdotes».
Espanta pensar lo que será el mundo del futuro gobernado por estas máquinas. Ellas ganarán guerras más importantes de las que hicieron Alejando y Aníbal; legislarán mejor que las Doce Tablas. Dueñas del cálculo de probabilidades, esclavizarán al hombre. Unos cuantos sabios serán los sacerdotes iniciados de sus misterios eleusinos, de sus oráculos de Delfos. Sus órdenes, incrustadas por el radar, moverán los cerebros de los pueblos.
Esta sociedad futura, implícitamente un «hormiguero humano», es un precursor directo del escenario de su obra de teatro Otoño del 3006.
El futuro en Otoño del 3006
Estrenada en el teatro Maria Guerreo el 11 de marzo de 1954, tras una larga génesis, Agustín de Foxá presenta en esta obra de teatro un estado policial distópico y tecno materialista en el año 3006, donde los individuos son aniquilados y los seres humanos son «producidos» para funciones utilitarias, como campesinos ciegos u obreros de fábricas subterráneas, haciéndose eco de La Máquina del Tiempo de H.G. Wells, y reflejando el polimorfismo de los insectos sociales.
La sociedad prohíbe la literatura del pasado, manipula las mentes con «moldeadores de cerebros» y usa «máscaras negras» para borrar la memoria.
El protagonista, Alfredo, ve la ciudad moderna como un «horrible hormiguero» y critica la «religión de la tecnología», considerando el futuro planificado y sin emociones como una pesadilla. Compara explícitamente a los habitantes con insectos, preguntando: «Me sorprende que no tengan antenas detrás de la cabeza, como los insectos». La obra concluye con una revolución catastrófica liderada por Alfredo, que resulta en la destrucción de la civilización en el año 3006 y un regreso a la «prehistoria», donde Alfredo y Aurora se convierten en «Eva y Adán de un mundo que comienza», sugiriendo una nueva arcadia anti tecnológica basada en valores y espiritualidad tradicionales. Esto refleja la creencia de Foxá en una fuerza espiritual «más potente que cualquier organización humana».
Entomología y xenoficción
Hans y los insectos es un claro exponente de la xenoficción6, ficción especulativa que narra una historia desde la perspectiva de una entidad no humana. Un extraterrestre, un animal, un robot, un monstruo o incluso un objeto inanimado se introducen no como fábulas antropomórficas, sino como auténticos personajes que actúan de forma coherente con el comportamiento imaginado de sus especies y realidades, creando un universo alternativo e inteligente dentro de la naturaleza.
Aunque la antropomorfización sea imposible de evitar por completo en cualquier obra de la imaginación humana, lo distintivo es que se intenta al menos que parezcan diferentes de los humanos en la medida de lo posible, pues su objeto principal es precisamente crear un universo alternativo y contrapuesto al del hombre en el marco común de la naturaleza terrestre
El protagonista ha desarrollado un método para comunicarse con los insectos mediante ondas de radio, Es el «novum» que impulsa la historia. Esto le permite una exploración detallada de las sociedades de insectos.
La comunicación entre un ser humano y los insectos es un equivalente al primer contacto con alienígenas en la ciencia ficción, pero ofrece la posibilidad de escenarios especulativos mucho más cercanos al mundo real presente, tal como sucede en el cuento de Foxá.
La obra de Foxá se ubica sin dificultad en el contexto de su momento histórico. Desde mediados del siglo XIX y a comienzos del XX la ciencia y la ficción han encontrado en la entomología numerosas preguntas y una creciente fuente de inspiración. En la entrada sobre entomología de la obra de Brian M. Stableford Science Fact and Science Fiction: an Encyclopedia7 recalca que la entomología ha tenido, de hecho, una influencia desproporcionada en la imaginería literaria
Tanto el rechazo instintivo que produce su morfología o la forma de moverse de los insectos, como el sorprende colorido de las alas de las mariposas, por ejemplo, resultan subyugantes para la imaginación. De manera muy especial los insectos, igual que las arañas y otros arácnidos, asimilados en la etnoentomología, han inspirado todo tipo de monstruos, por medio de una grosera magnificación, una imposibilidad biofísica, pero de irresistible atractivo para la mente humana. Las raíces más profundas de los relatos literarios sobre insectos y arañas gigantes se encuentran en los cuentos de hadas del siglo XIX, y en la tradición de la pintura de hadas establecida en esa época.
Hay infinidad de detalles en la entomología que resultan inspiradores para la metáfora, como la tendencia de las polillas a ser atraídas por las llamas, y no digamos los misterios de la metamorfosis, que Franz Kafka llevó a la cima de la literatura con la Metamorfosis (Die Vervandlung, 1915), en la que nos muestra la transformación de Gregorio Samsa como representación de la alienación humana.
Resulta por cierto inevitable8 establecer un claro paralelismo entre las dos escenas que tienen lugar en las dos habitaciones que Kafka y Foxá escogen como escenario:
―¡Hace dos dias que no contesta!”
Éramos varios vecinos quienes empujábamos la puerta cerrada. Pero el «inglés» no respondía.
—Algo ha ocurrido ahí dentro —dijo el gerente en la habitación de la izquierda.
Pero el elemento más sorprendente de la entomología, sin ninguna duda, es la organización de los insectos sociales en colmenas: comunidades organizadas en torno a una única hembra fértil, con el apodo inevitable de reina, sostenida por castas diversas de hembras estériles (entre ellas obreras y soldados) y los machos zánganos.
La entomología, igual que la arqueología y la paleontología, se convirtió en una aburrida profesión más en el siglo XIX, pero su proyección como afición amateur le confirió un mayor alcance. Sus resonancias metafóricas y algunos elementos de su instrumental resultaban de gran utilidad para en relatos como A Moth—Genus Novo (Polilla: género desconocido, 1895) de H. G. Wells, The Killing Bottle (La botella asesina, 1927) de L. P. Hartley y Morfo Eugenia (1992) de A. S. Byatt.
El dramatismo de la reproducción de los insectos despertó un considerable sentido de asombro en los entomólogos del siglo XIX como Jean-Henri Fabre, quien se convirtió en un divulgador muy importante del tema en sus Souvenirs entomologiques (10 vols., 1879-1907). Entre quienes se vieron influenciados por su obra se encuentran los principales escritores simbolistas, como Rémy de Gourmont, quien hizo un uso abundante de ejemplos de insectos en su Physique de l’amour (1903), y Maurice Maeterlinck, que se explayó con el tema en La vie des abeilles (1901) y en la secuela La Vie des Termites (1926), basada (o al parecer, directamente plagiada) en la obra entonces inédita de Eugene Marais, Die siel van die Mier (1937).
Fabre y Maeterlinck sentaron las bases para la consideración casi mística de la colmena de insectos sociales como una especie de organismo colectivo con una «mente de colmena». Como ya hemos visto, Foxá cita a Maeterlinck, que recibió el premio Nobel de literatura en 1911, y en cuyos dos volúmenes con seguridad encontró inspiración para sus reflexiones y los motivos que introduce en su ficción.
La colmena se convirtió en uno de los análogos más populares en la exobiología especulativa, y las hormigas gigantes se convirtieron en monstruos comunes de la imaginación de la ciencia ficción. Las expresiones notables de esta fascinación son innumerables desde principios del siglo XX, como detallan la obra citada de Stableford o en la entrada de Hive Minds de la SFE, donde puede encontrarse un resumen de la producción ciencia ficcional hasta fechas recientes.
Las colmenas alienígenas a menudo se enfrentan a los humanos en lo que parece ser una lucha darwiniana fundamental por la existencia.
Empire of the Ants (El imperio de las hormigas, 1905) de H. G. Wells, fue pionero en la idea de que las colmenas de insectos podrían resultar serios contendientes para acabar con la dominación humana de la Tierra, un tema que continuó en «La Menace invisible (La amenaza invisible, 1937) de Charles de Richter y The Master Ants (Las hormigas maestras, 1928) de Francis Flagg.
En The Emancipatrix (1921) de Homer Eon Flint, los humanos son esclavizados por las abejas, un tema desarrollado con mayor detalle en The Human Termites (1929; libro 1978) de David H. Keller y en The Last Men (1934) y Green Glory (1935) de Frank Belknap Long.
Mariano Martín destaca la obra del mexicano Rafael Bernal, Su nombre era muerte (1947), con una temática y planteamiento que, aunque Foxá no menciona en ningún momento, resulta muy similar al de Hans y los insectos.
Las imágenes literarias de sociedades humanas similares a colmenas suelen contemplar la idea como algo horroroso y, de hecho, es invocado a menudo como motivo para una ficción distópica. Las obras que lo proponen como un patrón probable para el futuro evolutivo de la humanidad son numerosas: The Coming Subjugation of Man (1889) de Elizabeth Bisland, The Ant Heap (1929) de Edward Knoblock, Human Ants (1935) de J. Harvey Haggard, The Riddle of the Tower (1944) de J. D. Beresford y Esme Wynne-Tyson, Morrow’s Ants (1975) de Edward Hyams, y la serie iniciada con Coalescent (2003) de Stephen Baxter. Rogue Queen (1951) de L. Sprague de Camp describe una rebelión impulsada por humanos en una colmena humanoide extraterrestre.
La idea de una mente colectiva resulta más aceptable en una versión descontextualizada, en la que se abstrae y se separa de los sistemas reproductivos de tipo colmena. Las mentes grupales se emplean como imágenes de una armonía social envidiable en Last and First Men (La última y la primera humanidad, 1930) y Star Maker (Hacedor de estrellas, 1937) de Olaf Stapledon, More Than Human (Más que humano, 1953) y The Cosmic Rape (Violación cósmica, 1958) de Theodore Sturgeon, y Childhood’s End (El fin de la infancia, 1953) de Arthur C. Clarke, aunque la pérdida de la individualidad a menudo se considera siempre un precio demasiado alto a pagar, como en Enemies of the System, (Enemigos del sistema, 1978) de Brian W. Aldiss y World-Soul (Alma del mundo, 1978) de Mikhail Emtsev y Eremei Parnov.
Ambivalencia
El ensayo de Mariano destaca la ambigüedad en la visión que nos ofrece Agustín de Foxá. La firmeza de sus convicciones anti colectivistas y anti materialistas, que se expresan de manera recurrente en su producción periodística y son centrales en Hans y los insectos, y una ambivalencia frente al progreso y la Modernidad. La nostalgia por un pasado idealizado convive con una genuina fascinación por el futuro y sus avances científicos y tecnológicos.
A pesar de su postura anticolectivista, Foxá pertenece a una relativa minoría de autores que han contemplado la organización colectivista de las abejas en términos no distópicos, creando una «utopía entomológica ambigua» donde persisten la creatividad y la vida espiritual.
Foxá crítica el intento de Hans de convertirse en el Júpiter de los insectos, en Providencia implacable, su intento prometeico de apoderarse de un tributo de la Divinidad, manipulando las sociedades de insectos para su beneficio personal mediante propaganda, guerras y hecatombes:
La secuencia titulada «La intriga inverosímil» resume sus manejos, cómo hacía luchar unas especies contra otras, castas contra castas, en nombre de unos ideales dignos de todo elogio en teoría, pero que en la práctica se traducían en guerras, revoluciones y hecatombes que Foxá repasa en una sucesión meteórica que da la impresión de poder efectivamente divino. Hans se había convertido en el Marat, el Lenin, el Trotsky y el Mahoma movilizadores de masas de insectos, ahora individualizados, para destruir el orden establecido, no para instaurar otro más justo, sino para sacar la máxima ventaja para el agitador: «Billones de muertos fundaron el pedestal de su gloria o tal vez de su crimen».
El «materialista y ambicioso» sueco, dominador de mundos, acaba transformado en trasunto de Cristo. Extraño símil en la pluma de un escritor católico que, como detalla Mariano, apunta un giro o una renovación ideológica liberal en Foxá, Su nostalgia se moderó, permitiéndole considerar modelos sociales alternativos y cuestionar las creencias tradicionales, incluso las que apoyaban al régimen al que pertenecía oficialmente. Y su propósito artístico acaba superando al motivo político.
Si sus primeros artículos tenían a menudo implicaciones políticas, su ficción especulativa, y muy en particular Hans y los insectos, muestra una superior ambición artística.
Hans y los insectos parece, en cualquier caso, uno de los hitos de la ficción especulativa española, en la frontera misma entre la vieja novela científica europea y la moderna ciencia ficción paraliteraria de origen norteamericano, con los valores de ambas. Esta conjunción afortunada se repitió o repetiría pocas veces en la España de los años cincuenta, por lo que la aportación foxiana debe tenerse muy en cuenta a la hora de contar la historia de este tipo de ficción y de poner de manifiesto sus valores en el marco general de la literatura española, ya libre de prejuicios trasnochados. Ojalá este nuestro trabajo haya podido contribuir en alguna medida a ello, así como a señalar el interés de esta producción literaria tardía de Foxá para dibujar una figura de artista de la palabra más rica y compleja de lo que suelen creer tanto sus partidarios como sus detractores por razones, en general, ajenas a la literatura…
Lo que nos aguarda…
En 1956 Agustín de Foxá fuy elegido académico de la RAE, nuevo ocupante de la silla Z que, sin embargo, nunca llegó a tomar asiento. Murió tres años después sin haber leído el preceptivo discurso de ingreso. Su sucesor en la silla Z, Salvador Fernández Ramírez, se refirió a él con estas palabras en su discurso de ingreso en la Academia:
Yo veo a Foxá como a un niño que viste la ropa de los mayores porque se le ha quedado estrecho el mundo infantil. Su mirada pasaba por encima de lo maléfico y se fijaba con avidez en las cosas hermosas» (Lengua literaria y norma lingüística, 1960, p. 10).
Es posible que los insectos sean hermosos, pero desde luego, nada me parece más hermoso que una consciencia que es capaz de contemplar la realidad que lo rodea con una mirada amplia y ver más allá, que tiene la curiosidad para explorar lo que se sabe, lo que se ha dicho, lo que se está diciendo en su entorno, en la ciencia, en el mundo; una mente que es capaz de establecer conexiones, que podrán ser más o menos interesadas, pero que se adelantan a su tiempo, que se formula preguntas sabiendo que su respuesta muy posiblemente escapará su horizonte vital.
Han pasado más de setenta años y la pregunta central de Foxá —¿Qué profecía terrible oculta el termitero?— sigue siendo hoy tan relevante o más que en su momento. Es seguramente una de las cuestiones centrales en la evolución de la especie y de sociedad humana:
¿Acabará la especie humana dando el salto a la eusocialidad que la convertiría de facto en un superorganismo? ¿Será una especie que siga el largo camino ya recorrido por los insectos y afronte el tipo de transición evolutiva que describen Maynard Smith y Eörs Szathmáry? ¿La pifiará y se extinguirá? O por el contrario, ¿Conseguirá utilizar la tecnología, la inteligencia artificial, la aceleración que llegará con seguridad de la mano de la biología sintética, la hibridación bio y ciber que dibuja el transhumanismo, para seguir un camino evolutivo diferente, uno para el que todavía no existe un precedente en el planeta Tierra, ni siquiera una metáfora clara, punto omega, noosfera, una verdadera inteligencia colectiva capaz de remontar las limitaciones de salida y proyectarse más allá?
Es una pregunta que está hoy en el aire en numerosos foros y debates.
Seguramente aún tardaremos en encontrar la respuesta, aunque a juzgar por las reiteradas previsiones sobre la inminente llegada de AGI, la superinteligencia y la singularidad tecnológica en sus diferentes versiones, quizás no demasiado.
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- Hasta donde yo sé no tiene nada que ver con el vecino de Hans 😉 ↩︎
- El artículo forma parte de la antología que Mariano Martín realizó para La biblioteca del laberinto, publicada en 2009: Historias de ciencia ficción. Relatos, teatro, artículos ↩︎
- Agustín de Foxá es el autor de Madrid de Corte a Checa. PUNTO (Oh, espera también de algunos de los versos del himno falangista Cara al Sol) ↩︎
- Nos utopistes vont chercher, aux limites où l’imagination se décompose, des modèles de sociétés futures, alors que nous en avons sous les yeux qui sont probablement aussi fantastiques, aussi invraisemblables, et qui sait, aussi prophétiques que ceux que nous pourrions trouver dans Mars, Vénus ou Jupiter. ↩︎
- Imágenes del desfile militar del Día de la Victoria en China, 3 de septiembre 2025 ↩︎
- Término poco habitual, como recalca Mariano en su artículo ↩︎
- Obra que Mariano Martín cita en las fuentes de su ensayo y motiva este epígrafe ↩︎
- Al autor de este post así le ha parecido al menos en cada ocasión que ha vuelto a este relato ↩︎
NOTA: Huelga decir que todas las imágenes «creativas» en este post, incluida la portada del ABC, son pura ficción de la «máquina»

Jariego, Francisco J. ‘La Xenoficción de Foxá’. Adyacente posible, 6 de septiembre 2025. https://adyacenteposible.com/2025/09/06/la-xenoficcion-de-foxa/.
