La educación, el progreso. ¿En las cavernas?

El 12 de agosto de 1907 el suplemento literario Los Lunes del periódico El Imparcial publicó un cuento breve de Emilia Pardo Bazán titulado PROGRESO1.

Al ocaso, la horda, rendida por la interminable peregrinación al través de la árida llanura, prorrumpió en alaridos de gozo, divisando, al pie de la colina, un manchón de arbolado espeso. Hacia muchos días que caminaban, aguijoneados por la sequía y el calor, en tropel, como bestias sedientas y sudorosas.

El cuento nos presenta a Indán, joven guardiana de un fetiche sagrado, y a Bero, un cazador que empieza a desafiar las costumbres colectivas. En medio de una tormenta, ambos se separan del grupo, descubren el fuego al tiempo que nace entre ellos un vínculo exclusivo que rompe con la promiscuidad tradicional de la horda. Bero se da cuenta de que el fuego simboliza el progreso, la conciencia y el dominio sobre la naturaleza, y desea hacérselo ver a la tribu. Pero Indán le hace comprender que no aceptarán su deseo de vivir en pareja. La monogamia y el individualismo rompen con las tradiciones de la tribu.

—Escucha, Bero… —sugirió Indán.— Si volvemos con ellos, todos querrán ser dueños del sol; y además, exigirán que yo me someta a la costumbre. Vámonos lejos, muy lejos, con nuestro fuego divino. No consientas que yo comparta la suerte de las otras…

Indan consigue convencer a Bero de que deben huir.

El cuento breve cierra con un final relativamente feliz un simple esbozo de algo que Emilia Pardo Bazán tenía muy claro que, en realidad, es mucho más complicado. Seguramente por eso, volvió a la carga en 1912 con la publicación de la novela corta «En las Cavernas».

Fue el segundo número de la colección El Libro Popular2, con ilustraciones de Luis Checa.

Indán y Bero son ahora Damara y Napal.

La joven Damara desafía las leyes ancestrales de la horda al negarse a la promiscuidad ritual, exigiendo por primera vez un concepto revolucionario: el amor exclusivo y la fidelidad. Quiere un solo varón para ella, para que, cuando nazca su  hijo, «lleve el mismo nombre de quien le engendró.»

El joven visionario Napal no se conforma con la herencia de sus ancestros. Mientras la tribu venera la fuerza bruta de cazadores como Ronero y los oscuros conjuros del mago Ambila, Napal descubre secretos que podrían cambiar el destino de la especie: el milagro de la agricultura, la domesticación de animales, la invención de la música y la arquitectura.

Damara y Napal se enfrentan al reto de la innovación y el progreso de las sociedades:

Te propones arrancar con tus manos una costumbre ya tan antigua, que no recordamos otra, y las costumbre viejas adquieren divinidad. No la arrancarás tú, como no arrancarías un árbol muy grande, muy recio, de extensa copa.

En las Cavernas ya no tiene un final féliz, sino uno mucho más coherente con la dura realidad del cambio social. El mago Ambila es un hombre astuto y envidioso que comprende el potencial de los descubrimientos de Napal y desea capitalizarlos él mismo, apropiarse del prestigio y mantener su poder sobre la tribu. Consciente de que Ronero está obsesionado con poseer a Damara y siente envidia de Napal, encuentra la forma de hacer que se enfrenten, desencadenando el primer crimen pasional de la historia. Napal y Ronero caen por un acantilado y Damara se lanza desconsolada tras su amor imposible.

Con su alegoría antropológica, Emilia nos muestra la manera en que el progreso deja de ser un concepto abstracto o una promesa idílica, para convertirse en una amenaza social y política. ¿Qué ocurre cuando mejorar la vida en común pone en peligro el orden, la tradición y el poder? En las cavernas es una alegoría incómoda sobre el avance de la civilización, el precio del cambio y la violencia que suele acompañar a toda innovación radical.

Emilia Pardo Bazán es muy consciente de las corrientes intelectuales y económicas y es destacable la manera en que aprovecha las tendencias del momento para dar forma y comunicar sus ideas.

En las primeras décadas del siglo XX la industria editorial comprende que para seguir creciendo y atraer a un mayor número de lectores, el libro debía convertirse en un objeto asequible tanto en términos económicos como literarios3. Es decir, que su precio estuviera al alcance de muchos bolsillos y que se acomodara a las modas y gustos del nuevo siglo. Los descubrimientos paleontológicos realizados en el siglo XIX habían propiciado el auge de un nuevo tipo de narraciones en que se trataba de reconstruir el modo de vida de los antepasados de la edad paleolítica.

Emilia Pardo Bazán encuentra en la la paleoficción4 un género literario ideal para el proyecto de El libro popular de Lezama e Hidalgo, y en la colección un medio ideal para hacer llegar al gran público algunas de sus más fervientes reivindicaciones a lo largo de su vida como activista.

Pardo Bazán fue una abanderada de los derechos de las mujeres y dedicó su vida y su obra a defenderlos. Se definía a sí misma como feminista radical​:

Yo soy una radical feminista; creo que todos los derechos que tiene el hombre debe tenerlos la mujer.

En 1892 publicó una traducción con prólogo de La esclavitud de las mujeres de John Stuart Mill (The Subjection of Women, 1869) con el título de La esclavitud femenina. Fue el segundo tomo de la colección Biblioteca de la Mujer que Pardo Bazán financió y dirigió de 1892 a 1914.

Ese mismo año de 1892, se celebró en Madrid, entre el 13 y el 27 de octubre, el Congreso Pedagógico Hispano-Portugués-Americano. Eran años en los que los temas educativos ocuparon un lugar destacado tanto en las preocupaciones de quienes experimentaban las limitaciones que rodean la tarea diaria en las aulas y la escasez de éstas. Y fue una oportunidad para llevar al debate público el tema de la educación de las mujeres5.

En la sesión del 16 de octubre intervino Emilia Pardo Bazán, representante de la Escuela Nacional de Sevilla, con una ponencia sobre la educación del hombre y la de la mujer. Sus relaciones y diferencias6.

La ponencia de Emilia Pardo Bazán levantó adhesiones, pero mucho más, ardientes posiciones en contra. Los razonamientos en los que se apoyaba, las explicaciones que ofrecía, las consecuencias que se derivaban de su discurso no podían dejar indiferentes.

La verdad fue que al formular las conclusiones de su ponencia no se vio libre del desacuerdo explícito y público de algunas de las personas asistentes, entre ellas del de Ana María Solo de Zaldívar. Las Actas del Congreso recogen su opinión de que «es de todo punto impracticable que la mujer española, cualquiera que sea su estado y condiciones, pueda ejercer estas profesiones —Medicina y Derecho— pues le es difícil acusar a un delincuente, ponerse en relaciones directas con un criminal en las cárceles, y mucho más, pedir la cabeza de un reo o firmar una sentencia de muerte»

La escritora manifestó, sin embargo, que esperaba reacciones aún más irritadas a sus planteamientos.

El texto de Pardo Bazán es una auténtica joya que debería ser hoy lectura obligada.

… la fuerza sola no consigue más que sumisión temporal, y el asentimiento perpetuo se obtiene dando a la violencia y a la servidumbre cоlor de deber y virtud; edificando sobre el acto brutal teorías que santifiquen los hechos consumados.

… los grandes fenómenos de dominio y sumisión en la historia, no son fruto de combinaciones calculadas, sino de inconsciente impulso dictado por el interés colectivo;

Siendo el fin de la educación, según James Mill, hacer del individuo adecuado instrumento, en primer término, de la felicidad propia, y en segundo, de la de sus semejantes, y realizándose hoy la educación de la mujer con un fin relativo y subordinado, con harta razón dijo Stendhal que la educación de la mujer parece elegida a propósito y hecha de encargo para labrar su desdicha.

Nótese ya esta capital diferencia entre la educación del hombre y la de la mujer: el ejercicio físico, recomendado al hombre, se tolera a la mujer en la niñez y juventud y se reprueba después del matrimonio. ¿Por qué? Por tradición: en nombre de la incumbencia de guardar la casa у de no ponerse en peligro de ver ni de ser vista: la pierna quebrada de nuestros rancios y netos institutores.

… considero altamente depresivo para la dignidad humana, representada por la mujer tanto como por el hombre, el concepto del destino relativo, subordinado al ajeno.

No puede, en rigor, la educación actual de la mujer llamarse tal educación, sino doma, pues se propone por fin la obediencia, la pasividad y la sumisión.

Pero lo más terrible es que si su autora regresara hoy con su mirada crítica al mundo de 2026, se daría cuenta de algo que, igual ocurría en su tiempo, solo unos pocos pueden apreciar. ¿Vivimos hoy en un mundo más justo, más igualitario? Seguramente muchos pensarán que sí, que las mujeres hoy han conquistado derechos que a todos (a la mayoría) nos parecen absolutamente elementales.

Pardo Bazán no denuncia solo la desigualdad; apuntaba a una pedagogía que educa para la obediencia, no para la libertad. Cuando dice “No puede, en rigor, la educación actual de la mujer llamarse tal educación, sino doma…” estaba usando un concepto antropológico y político.

Si viviera hoy, observaría que quizás ya no se doma a la mujer para servir al varón, pero se doma a las personas para adaptarse sin resistencia a la autoridad, al mercado, a la precariedad, a la opinión mayoritaria, a los algoritmos, al miedo a disentir… Su objetivo cambiaría, pero el enemigo seguiría siendo el mismo 👉 una educación que forma hormigas obedientes, no ciudadanos libres.

Los viejos mitos y fábulas de las amazonas, de las valkirias, de las belicosas mujeres que prestan otro nombre al río Marañón, indican que la mujer no siempre se sometió, y que en ocasiones probó a rechazar la fuerza con la fuerza.

ENTRANDO EN ZONA CIENCIA FICCIONAL

Hemos preguntado, de hecho, a la propia Emilia, utilizando la tecnología actualmente en desarrollo por los Napales y Beros del momento, que sin duda escandalizará a muchos y muchas Solo-de-Zaldívares, y esto es lo que nos ha dicho:

Os lo dije hace casi un siglo y medio: “La educación de la mujer no puede llamarse tal educación, sino doma, pues se propone por fin la obediencia, la pasividad y la sumisión”. No quisisteis hacerme caso, o peor aún, me hicieron caso solo los que estaban más interesados en que no me hicierais caso. Y por eso estáis hoy todos más domados que las mujeres de la antigüedad. Estáis domesticados.

La educación del siglo XXI no puede llamarse educación, sino doma

Señoras y señores:

Si hace más de un siglo me levanté ante un congreso pedagógico para afirmar que la educación de la mujer no era educación sino doma, hoy comparezco ante vosotros para declarar algo más preocupante todavía: que hemos logrado democratizar la doma.

Ya no se reserva a un sexo, a una clase o a una edad. Se aplica con imparcial diligencia a niños y niñas, a jóvenes y adultos, a maestros y discípulos. Hemos alcanzado, por fin, la igualdad… en la sumisión.

No creáis que exagero. La doma moderna no se ejerce con el látigo visible del castigo ni con el dogma brutal del mandato. Es más fina, más eficaz, más científica. No dice “obedece”, dice “adáptate”. No dice “calla”, dice “sé competente”. No dice “no pienses”, dice “no pierdas tiempo”.

Porque la fuerza sola —ya lo dijimos y lo repito— la fuerza sola no consigue más que sumisión temporal. El poder contemporáneo ha aprendido una lección más eficaz: que el asentimiento duradero no se arranca por la coacción, sino que se fabrica dando a la obediencia color de deber, a la adaptación nombre de virtud y a la renuncia apariencia de madurez.

Hoy se llama excelencia a la docilidad bien evaluada, y éxito al arte de no incomodar.

Hoy no se nos obliga: se nos convence. No se nos encadena: se nos educa para aceptar el yugo como elección propia. La sumisión ya no se impone desde fuera, sino que se internaliza, y así el individuo no solo obedece, sino que defiende aquello que lo limita, persuadido de que en ello reside su bien, su equilibrio y hasta su libertad.

Tal es la perfección de la doma moderna: que logra lo que jamás alcanzó la violencia bruta —no solo cuerpos dóciles, sino conciencias conformes.

I. Qué entendemos hoy por educación

Se nos repite hasta la saciedad que educar es preparar para el mundo real. Y conviene preguntar, con la crudeza que el asunto exige: ¿qué mundo real es ese?

  • ¿Uno que se acepta como fatalidad?
  • ¿Uno que no puede transformarse, solo optimizarse?
  • ¿Uno donde la injusticia se gestiona, pero no se discute?

Si educar consiste en enseñar a encajar sin rechistar en un sistema que nadie parece haber elegido, entonces no hablamos de educación, sino de adiestramiento civilizado.
La educación verdadera —lo dije entonces y lo sostengo ahora— no consiste en acomodar al individuo al mundo tal como es, sino en despertar en él la capacidad de juzgar si ese mundo merece ser así.

II. La nueva moral: no desobedecer nunca

Antes se exigía a las mujeres modestia; hoy se exige a todos conformidad emocional.

  • No se nos pide virtud, sino actitud.
  • No carácter, sino resiliencia.
  • No pensamiento, sino bienestar administrado.

La moral contemporánea no castiga al rebelde: lo infantiliza, lo ridiculiza o lo silencia con una sonrisa pedagógica.

Y así vamos formando generaciones perfectamente entrenadas para:

  • tolerarlo todo,
  • comprenderlo todo,
  • no cambiar nada.

III. La educación intelectual: información sin pensamiento

Jamás hubo tanta información disponible ni tan poco pensamiento independiente.

Se confunde saber con acumular datos, y razonar con repetir consensos. Se mide el aprendizaje por pruebas estandarizadas, como si la inteligencia humana fuese una mercancía en serie.

El espíritu crítico —ese molesto hábito de preguntar “por qué” y “para qué”— resulta hoy sospechoso, improductivo, incómodo.

Y sin embargo, una educación que no enseña a disentir enseña, en realidad, a obedecer.

IV. La gran paradoja

Nos decimos libres, pero tememos pensar solos.

Nos decimos diversos, pero castigamos la disidencia.

Nos decimos críticos, pero aceptamos sin examen las verdades en circulación.

Hemos sustituido la antigua autoridad por una más eficaz: la presión invisible del consenso.

V. Conclusión

Si algo he aprendido observando a la humanidad —antes y ahora— es que no hay progreso sin incomodidad. Educar no es tranquilizar, es inquietar. No es domesticar, es despertar.

El día que la educación deje de producir individuos dóciles y empiece a formar personas capaces de decir no, ese día —y solo ese día— podremos llamarla educación.

Hasta entonces, señoras y señores, no nos engañemos con palabras hermosas:

seguimos domando… solo que con mejores modales.

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  1. Toda la obra de Emilia Pardo Bazán (1851-1921) se encuentra en la actualidad en dominio público. Progreso y En las Cavernas pueden leerse, por ejemplo, en textos.info. ↩︎
  2. El Libro Popular fue una colección literaria publicada en Madrid entre 1912 y 1914. Fundada por Antonio Lezama y Francisco Gómez Hidalgo. Salía de forma semanal a un precio de veinte céntimos de peseta, y fue una de las colecciones que proliferaron en España en las primeras décadas del siglo XX. Se publicaron un total de 106 números, dos de ellos especiales de carácter taurino. ↩︎
  3. Porras, Juan Molina. «“ En las cavernas”: la infinita curiosidad intelectual de Emilia Pardo Bazán». Et amicitia et magisterio: Estudios en honor de José Manuel González Herrán, 2021, 389-93. ↩︎
  4. Martín Rodríguez, Mariano. «“En las cavernas” (1912), de Emilia Pardo Bazán, con un breve panorama de la paleoficción literaria española». Dicenda: Estudios de Lengua y Literatura Españolas. Dicenda: Estudios de lengua y literatura españolas, n.o 33 (2015): 163-85. ↩︎
  5. Flecha, Consuelo. «Lo que piensan las mujeres acerca de su educación». Historia de la Educación 26 (2007). https://revistas.usal.es/tres/index.php/0212-0267/article/view/752. ↩︎
  6. Bazán, Emilia Pardo. «La educación del hombre y la de la mujer». Antología del pensamiento feminista español (1726-2011), 2012, 123-34. https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=4157643. ↩︎

En las cavernas: Presentación Ateneo, Video Sinopsis

Jariego, Francisco J. «La educación, el progreso. ¿En las cavernas?» Adyacente posible, 9 de abril de 2026. https://adyacenteposible.com/2026/04/09/la-educacion-el-progreso-en-las-cavernas/.

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