Meditando con Ortega y Gasset. Sobre la tecnología y más allá

I

Ortega y Gasset fue uno de los primeros filósofos en abordar la “cuestión de la tecnología”. En 1933 impartió un curso con motivo de la inauguración de la Universidad de Verano de Santander, con una serie de lecciones que aparecieron por primera vez, al parecer sin su consentimiento1, «segmentadas mecánicamente en artículos dominicales» en La Nación de Buenos Aires en 1935, y que posteriormente Ortega publicó en un libro con el título de “Meditación de la Técnica” en 1939.

Sin la técnica, el hombre no existiría ni habría existido nunca.

Así ni más ni menos comienza Ortega una reflexión con la que se adelantaba a dos de sus contemporáneos referentes en la materia como son Lewis Mumford2 y Martin Heidegger3, y sumándose a «la peripecia Intelectual” de Oswald Spengler, cuya obra magna Der Untergang des Abendlandes4 (la Decadencia de Occidente) Ortega prologó en la traducción de Manuel García Morente de 1923, y posteriormente divulgó en la Revista de Occidente5.

El libro de Oswald Spengler, la Decadencia de Occidente, es, sin disputa, la peripecia intelectual más estruendosa de los últimos años (…) Es un libro que nace de profundas necesidades intelectuales y formula pensamientos que latían en el seno de nuestra época.

¿Qué es la obra de Spengler? Ante todo una filosofía de la historia.

Estamos hoy alojados en el último estadio—en la vejez, consunción o «decadencia»—Untergang— de una de estas culturas: la occidental. De aquí el título del libro.

En la que es probablemente es la obra más (re)conocida de Ortega, La rebelión de las masas, que comenzó a publicarse en 1927 en el diario El Sol, la palabra técnica aparece en 39 ocasiones, y la técnica tiene sin duda un papel destacado:

A toda hora se habla hoy de los progresos fabulosos de la técnica; pero yo no veo que se hable, ni por los mejores, con una conciencia de su porvenir suficientemente dramático. El mismo Spengler, tan sutil y tan hondo –aunque tan maniático–, me parece en este punto demasiado optimista.
Spengler cree que la técnica puede seguir viviendo cuando ha muerto el interés por los principios de la cultura. Yo no puedo resolverme a creer tal cosa.

Los europeos hemos gravitado desde siempre hacia el futuro y sentimos que es esta la dimensión más sustancial del tiempo, el cual, para nosotros, empieza por el «después» y no por el «antes».

El Imperio romano finiquita por falta de técnica. Al llegar a un grado de población grande y exigir tan vasta convivencia, la solución de ciertas urgencias materiales, que sólo la técnica podía hallar, comenzó en el mundo antiguo a involucionar, a retroceder y consumirse.

La técnica contemporánea nace de la copulación entre el capitalismo y la ciencia experimental. No toda técnica es científica. (…) Sólo la técnica moderna de Europa tiene una raíz científica, y de esa raíz le viene su carácter específico, la posibilidad de un ilimitado progreso.

Esta maravillosa técnica occidental ha hecho posible la maravillosa proliferación de la casta europea.

No cabe duda de que la técnica –junto con la democracia liberal– ha engendrado al hombre-masa en el sentido cuantitativo de esta expresión.

La técnica es inventada por Europa durante los siglos XVIII y XIX. ¡Qué casualidad! Los siglos en que América nace.

América es fuerte por su juventud, que se ha puesto al servicio del mandamiento contemporáneo «técnica», como podía haberse puesto al servicio del budismo si éste fuese la orden del día. Pero América no hace con esto sino comenzar su historia. Ahora empezarán sus angustias, sus disensiones, sus conflictos. Aún tiene que ser muchas cosas; entre ellas, algunas las más opuestas a la técnica y al practicismo. América tiene menos años que Rusia.

II

En su Meditación de la técnica la reflexión de Ortega sobre la tecnología se concentra, se extiende y se torna mucho más matizada. Sería difícil y no es mi intención hacer un resumen de sus seis lecciones, pero sí destacar idiosincráticamente algunas ideas del texto.

El sorprendente desconocimiento de la tecnología.

Con los riesgos y oportunidades perdidas que conlleva:

[A]nte los más agudos problemas que con trágica intensidad angustian al hombre civilizado el individuo educado por la Universidad se queda paralítico porque no tiene conocimiento alguno de sus factores. Los que más próximos podían considerarse de las materias en que aquellos problemas consisten —los economistas— han dado el ejemplo del más completo fracaso. Los conflictos los han cogido de sorpresa, entre otras razones, porque no tenían contacto verdadero con la técnica y no incluían en sus previsiones y cálculos los resultados económicos de ésta, no hablemos de sus resultados sociales.

Hoy no sólo no se suele ver funcionar las técnicas correspondientes, sino que la mayor parte de ellas son invisibles.

Esto trae consigo que contra lo que al pronto pueda parecer, la colocación del hombre actual ante su propia vida es más irreal, más inconsciente que la del hombre medieval ya que tiene menos noción que aquél de las condiciones bajo las cuales vive. Así, por ejemplo, los socios de una Casa del Pueblo tienen hoy mucho menos conocimiento de las condiciones de que depende su trabajo que el artesano medieval. De donde resulta que al hombre medio se le ha hecho hoy su propia vida menos transparente que lo que la suya era al hombre en otros tiempos. La técnica cuya misión es resolverle al hombre problemas se le ha convertido de pronto en un nuevo y gigantesco problema.

La incapacidad de las sociedades humanas para reformarse.

La naturaleza de la tecnología y del ser humano…

… que, más que adoptarla, la lleva dentro de sí:

El animal no puede retirarse de su repertorio de actos naturales, de la naturaleza, porque no es sino ella y no tendría al distanciarse de ella dónde meterse. Pero el hombre, por lo visto, no es su circunstancia, sino que está sólo sumergido en ella y puede en algunos momentos salirse de ella, y meterse en sí, recogerse (…)

En estos momentos extra o sobrenaturales de ensimismamiento y retracción en sí, inventa y ejecuta ese segundo repertorio de actos: hace fuego, hace una casa, cultiva el campo y arma el automóvil.
todos estos actos tienen una estructura común. Todos ellos presuponen y llevan en sí la invención de un procedimiento que nos permite, dentro de ciertos límites, obtener con seguridad, a nuestro antojo y conveniencia, lo que no hay en la naturaleza,

De donde resulta que estos actos modifican o reforman la circunstancia o naturaleza,

La técnica es la reforma de la naturaleza.

[E]l hombre, merced a su don técnico (…) crea, pues, una circunstancia nueva más favorable, segrega, por decirlo así una sobrenaturaleza adaptando la naturaleza a sus necesidades.

Y precisamente a esa vida inventada, inventada como se inventa una novela o una obra de teatro, es a lo que el hombre llama vida humana, bienestar. La vida humana, pues, trasciende de la realidad natural,

el concepto de «necesidad humana» abarca indiferentemente lo objetivamente necesario y lo superfluo.

El hombre, quiera o no, tiene que hacerse a sí mismo, autofabricarse

La técnica es la producción de lo superfluo:

La evolución de la tecnología

Según Ortega, podemos distinguir tres enormes estadios en la evolución de la técnica:

  1. La técnica del azar
  2. La técnica del artesano.
  3. La técnica del técnico.

[E]l estadio de evolución técnica en que hoy nos hallamos se caracteriza:

1º Por el fabuloso crecimiento de actos y resultados técnicos que integran la vida actual (…) La proliferación sin par de la planta humana acontecida en ese siglo es probablemente el origen de no pocos conflictos actuales. Hecho tal sólo podía acontecer cuando el hombre había llegado a interponer entre la naturaleza y él una zona de pura creación técnica tan espesa y profunda que vino a constituir una sobrenaturaleza.

2º el tránsito del mero instrumento a la máquina, esto es, al aparato que actúa por sí mismo. La máquina deja en último término al hombre, al artesano. No es ya el utensilio que auxilia al hombre, sino al revés: el hombre queda reducido a auxiliar de la máquina. Una fábrica es hoy un artefacto independiente al que ayudan en algunos momentos unos pocos hombres, cuyo papel resulta modestisimo.

3º Consecuencia de ello fue que el técnico y el obrero, unidos en el artesano, se separasen, y al quedar aislado se convirtiese el técnico como tal en la expresión pura, viviente, de la técnica como tal: en suma, el ingeniero.

El extrañísimo hecho de que la técnica es casi siempre anónima…

o por lo menos que los creadores de ella no gocen de a fama nominativa que ha acompañado siempre a aquellos otros hombres. Uno de los inventos más formidables de los últimos sesenta años ha sido el motor de explosión. Pues bien, ¿cuántos de ustedes, que no sean por su oficio técnicos, recuerdan en este momento la lista de nombres egregios que levaron sus inventores?

De aquí también la enorme improbabilidad de que se constituya una «tecnocracia». Por definición, el técnico no puede mandar, dirigir en última instancia. Su papel es magnífico, venerable, pero irremediablemente de segundo plano.

La idea del progreso

funesta en todos los órdenes, cuando se la empleó sin críticas, ha sido aquí también fatal. Supone ella que el hombre ha querido, quiere y querrá siempre lo mismo, que los anhelos vitales han sido siempre idénticos y la única variación a través de los tiempos ha consistido en el avance progresivo hacia el logro de aquel único desideratum. Pero la verdad es todo lo contrario: la idea de la vida, el perfil del bienestar se ha transformado innumerables veces, en ocasiones tan radicalmente, que los llamados progresos técnicos eran abandonados y su rastro perdido. Otras veces —conste—, y es casi o más frecuente en la historia, el inventor y la invención eran perseguidos como si se tratase de un crimen. El que hoy sintamos en forma extrema el prurito opuesto, el afán de invenciones, no debe hacernos suponer que siempre ha sido así. AI contrario, la humanidad ha solido sentir un misterioso terror cósmico hacia los descubrimientos, como si en éstos, junto a sus beneficios, latiese un terrible peligro.

III

Ortega se adelanta a su tiempo con su meditación sobre la tecnología, que tal como destacaba Carl Mitcham en su obra Thinking through Technology6, a finales del siglo XX aún no había recibido la atención que merece.

Que un ensayo sobre tecnología escrito por un pensador español pase inadvertido no es algo que resulte demasiado sorprendente cuando se contempla en el contexto de la relación de tecnología y cultura en la sociedad española.

Más sorprendente es que un filósofo, ensayista y periodista español llegase a interesarse por la tecnología y se detuviera a analizarla con una perspectiva y una visión que hasta ese momento solo habían adoptado unos pocos pensadores, la mayoría procedentes del ámbito de la tecnología.

Pero lo verdaderamente sorprendente es la (relativa) inadvertencia de una obra que reflexiona sobre la tecnología en el contexto de una sociedad tecnológica que, tal como describe Ortega, ignora casi todo sobre la tecnología.

En los estudios de filosofía existen innumerables ramas y todo tipo de sabores, y de manera muy destacada una filosofía de la ciencia. Sin embargo, la tecnología solo ha conseguido penetrar en las altas torres de marfil de la disciplina en los últimos cien o ciento cincuenta años. Lo ha hecho con dificultad y, tal como describe Mitchan, con una perspectiva en gran medida dominada por el humanismo y una visión con marcados tintes negativos.

Esta es la primera razón para traer a Ortega y su meditación a Adyacente Posible. La meditación técnica de Ortega resulta cuando menos una curiosidad histórica y, en cierta medida, al menos para el autor de este post, intrigante…

IV

En 1951, Ortega volvería sobre la cuestión de la tecnología y, de manera muy específica sobre la cuestión de su naturaleza y la relación con la naturaleza del ser humano. Ortega especula con el origen de esa relación en una conferencia en las «Darmstádter Gesprách» titulada “El mito de la humanidad allende la técnica” y publicada en el Tomo IX de sus obras completas7, que cito a continuación con la misma estrategia de manga ancha utilizada por la Nación de Buenos Aires en 1935.

Estoy plenamente convencido de que Ortega y Gasset no solo no tendría inconveniente, sino que estaría (estará de hecho en alguna parte) encantado de que lo haga. De hecho, sus obras completas estarían ya en dominio público, si se aplicase el periodo vigente en el actualidad de 70 años postemortem8

El mito allende la técnica

Ortega y Gasset
Obras Completas

Hablemos ahora del mito que encontramos allende la técnica. El animal que se convirtió en el primer hombre habitaba, al parecer, en los árboles —la cosa es bastante conocida—, era un habitante arborícola. Por eso su pie está formado de modo que no es adecuado para caminar sobre el suelo, sino más bien para trepar. Como habitaba en los árboles, vivía sobre terrenos pantanosos en que abundan enfermedades epidémicas. Vamos a imaginar— solo estoy contando un mito—que esta especie enfermó de malaria, o de otra cosa, pero no llegó a morir. La especie quedó intoxicada, y esta intoxicación trajo consigo una hipertrofia de los órganos cerebrales. Esta hipertrofia acarreó, a su vez, una hiperfunción cerebral, y en ello radica todo. Como ustedes saben, los animales superiores que preceden al hombre, como se ha demostrado ya, tienen entendimiento, pero no tienen, o apenas tienen memoria; o, lo que es lo mismo, no tienen fantasía, la cual, igual que la memoria, es productiva a veces y otras, improductiva. Los pequeños chimpancés, por ejemplo, olvidan en seguida lo que les ha pasado, aunque son bastante inteligentes; más o menos lo que les pasa a muchos hombres, cuando no disponen de ningún material para su entendimiento y por eso no pueden seguir desarrollando un asunto. Pero este animal que se convirtió en el primer hombre ha encontrado súbitamente una enorme riqueza de figuras imaginarias en sí mismo. Estaba, naturalmente, loco, lleno de fantasía, como no la había tenido ningún animal antes que él, y esto significa que frente al mundo circundante era el único que encontró, en sí, un mundo interior. Tiene un interior, un dentro, lo que otros animales no pueden tener en absoluto. Y esto trajo consigo el más maravilloso de los fenómenos, que es imposible de explicar desde el punto de vista puramente zoológico, porque es lo más opuesto de lo que podemos imaginarnos acerca de la orientación natural de la atención en los animales. Los animales dirigen su atención —esto se advierte fácilmente, cuando nos acercamos a la jaula de los monos en un parque zoológico— totalmente hacia el mundo exterior, el entorno, porque este mundo circundante es para ellos un horizonte lleno de peligros y riesgos. Pero cuando este animal que se convirtió en el primer hombre encontró tal riqueza en imágenes internas, la dirección de su atención realizó el más grande y patético giro desde fuera hacia dentro. Empezó a prestar atención a su interior, es decir, entró en sí mismo: era el primer animal que se encontraba dentro de sí, y este animal que ha entrado en sí mismo es el hombre.

Pero queremos proseguir con esta narración, con esta patética narración. Este ser se encontró ante dos repertorios distintos de proyectos, de propósitos. Los otros animales no tenían ninguna dificultad, porque solo encontraban en sí mismos supuestos y esquemas instintivos, que operaban de un modo mecánico. Pero este ser se encontró, por primera vez, ante estos dos proyectos totalmente diferentes: ante los instintivos, que aún alentaban en él y ante los fantásticos, y por eso tenía que elegir, seleccionar

¡Ahí tienen ustedes a este animal! El hombre tendrá que ser, desde el principio, un animal esencialmente elector. Los latinos llamaban al hecho de elegir, escoger, seleccionar, eligere; y al que lo hacía, lo llamaban eligens o elegens, o elegans. El elegans o elegante no es más que el que elige y elige bien. Así pues, el hombre tiene de antemano una determinación elegante, tiene que ser elegante. Pero aún hay más. El latino advirtió —como es corriente en casi todas las lenguas— que después de un cierto tiempo la palabra elegans y el hecho del «elegante» —la elegantia— se habían desvaído algo, por ello era menester agudizar la cuestión y se empezó a decir intellegans, intellegentia: inteligente. Yo no sé si los lingüistas tendrán que oponer algo a esta última deducción etimológica. Pero solo puede atribuirse a una mera casualidad el que la palabra intellegantia no se haya usado igual que intelligentia, como se dice en latín. Así pues, el hombre es inteligente, en los casos en que lo es, porque necesita elegir. Y porque tiene que elegir, tiene que hacerse libre. De ahí procede esta famosa libertad del hombre, esta terrible libertad del hombre, que es también su más alto privilegio. Solo se hizo libre porque se vio obligado a elegir, y esto se produjo porque tenía una fantasía tan rica, porque encontró en sí tantas locas visiones imaginarias.

Somos, sin duda, señoras y señores, hijos de la fantasía. Así pues, todo lo que se llama pensar desde el punto de vista psicológico, desde el extremo de la psicología, es pura fantasía. ¿Hay algo más fantástico que el punto matemático o la línea recta? Ningún poeta ha dicho nunca nada que fuese tan fantástico. Todo pensar es fantasía, y la historia universal es el intento de domar la fantasía sucesivamente, en diversas formas.

Esto trajo consigo, sin embargo, que los deseos del hombre, en todo lo que no es posible específicamente, no tengan nada que ver con los instintos, con la naturaleza, sino que solo son deseos fantásticos. Por ejemplo, queremos ser justos, pero solo lo conseguimos en una ligera aproximación. Quisiéramos poder conocer; no obstante, durante milenios y milenios el hombre ha trabajado para conocer y solo ha logrado muy pequeños conocimientos. Este es nuestro privilegio y esta nuestra dramática determinación. Por eso, ante todo, percibe el hombre que precisamente lo que más en el fondo desea es, hasta tal punto imposible, que se siente infeliz. Los animales no conocen la infelicidad, pero el hombre actúa siempre en contra de su mayor deseo, que es el de llegar a ser feliz. El hombre es, esencialmente, un insatisfecho, y esto —la insatisfacción— es lo más alto que el hombre posee, precisamente porque se trata de una insatisfacción, porque desea tener cosas que no ha tenido nunca. Por eso suelo decir que esta insatisfacción es como un amor sin amada o como un dolor que siento en unos miembros que nunca he tenido.

Se nos aparece el hombre, pues, como un animal desgraciado, en la medida en que es hombre. Por eso no está adecuado al mundo, por eso no pertenece al mundo, por eso necesita un mundo nuevo, que estos señores en torno a nosotros quieren edificar, y tal vez vayan consiguiendo hacerlo poco a poco. Pero, como ustedes saben, la primera gran teoría nueva sobre el desarrollo biológico —después de la darwinista— es la de Goldschmidt. Su doctrina consiste en que supone que el desarrollo ha sido progresivo porque determinados individuos de una especie tenían faltas o carencias, no se adaptaban al ambiente de su momento, pero cierto día, al transformarse este ambiente— y por ello precisamente— estos individuos con fallos se adaptaban de inmediato al nuevo ambiente. Estos animales, como individuos de esa especie, son, desde el punto de vista formal, monstruos. Pero, como dice Goldschmidt, eran, al fin, monstruos propicios.

¿Qué es lo que, en definitiva, nos ofrece esta narración, esta fábula? Este mito nos muestra la victoria de la técnica: esta quiere crear un mundo nuevo para nosotros, porque el mundo originario no nos va, porque en él hemos enfermado. El nuevo mundo de la técnica es, por tanto, como un gigantesco aparato ortopédico que ustedes, los técnicos, quieren crear, y toda técnica tiene esta maravillosa y —como todo en el hombre— dramática tendencia y cualidad de ser una fabulosa y grande ortopedia.

V

Esta emotiva y expresamente ficcional especulación (mito) de Ortega me lleva a la segunda razón de este post, con la que concluyo. Se trata de un deseo y un reto que surgen a partir de una brillante reflexión de Julián Diez, publicada en Fracasando por placer (XXIV): La rebelión de las masas y otros ensayos, José Ortega y Gasset. Alianza, 2014,:

… lo que sí pensé seriamente en más de una ocasión es en la posibilidad de que Ortega y Gasset hubiera sido nuestro Aldous Huxley. Que buena parte de sus especulaciones de carácter más sociológico y político las hubiera plasmado en una distopía, en lugar de en forma de ensayos y artículos. Que las hubiera estructurado como relato.

De hecho, la prospectiva era algo que evidentemente le interesaba, según una nota al pie del “Prólogo para franceses”: “Obra fácil y útil que alguien debería emprender fuera reunir los pronósticos que en cada época se han hecho sobre el próximo porvenir. Yo he coleccionado los suficientes para quedar estupefacto ante el hecho de que haya habido siempre algunos hombres que predecían el futuro.” Y quizá, como digo, en otras circunstancias podría haberlas plasmado en forma de narrativa, aunque lo cierto es que en la realidad no practicó ese género de forma pública.

La rebelión de las masas es, en el fondo, un análisis prospectivo de la evolución de la sociedad a partir de su presente, con lo que resulta claro que es el material adecuado para considerarlo como el posible germen para una distopía. Y podría leerse en ese sentido.

¿podría Ortega haber escrito en 1928 a partir de estos materiales una novela, lo que se conocía entonces por un romance científico o una novela futurista, titulado “La gripe de 2020”?

El post de Julián está publicado en Fracasando por placer (XXIV): La rebelión de las masas y otros ensayos, José Ortega y Gasset. Alianza, 2014, el 5 de abril de 20219. Poco más de un año después del comienzo de la pandemia de COVID-19, resultaba cuando menos tentador para alguien que ha concebido esa idea imaginar que en 1928 Ortega tendría sin duda en su memoria la gripe española de 1918., y que podría haberle servido para extrapolar sus ideas sobre el futuro. La idea de Julián se infiltró en mi memoria como un virus:

El reto que he contemplado desde ese momento sería el de hacer «realidad» la idea de Julián: escribir una ucronía en la que Ortega realmente ha publicado esa ficción especulativa, una distopía o, por qué no, una utopía tecnológica que hubiese dotado a la cultura española de un referente, un aldabonazo que hubiera despertado en los españolitos, no solo escritores de ciencia ficción, que haberlos los ha habido, sino editores, pensadores y sobre todo lectores, el gusto por la ficción especulativa, convirtiéndose en la semilla de una cultura que cree que otro mundo es posible y que, en última instancia, hubiese estimulado una reconversión o transformación hacia una sociedad tecnológica líder: el milagro económico de una España post Ortega, en la década de 1960, que la hubiera equiparado con el Japón o la Corea del Sur de Europa…

El reto de esa España creyente en las posibilidades de la tecnología permanece virgen, inexplorado y seguramente inalcanzable en el contexto geopolítico y la falta de liderazgo del momento presente. El reto de escribir esa ucronía que especule sobre este reto sociocultural, con toda probabilidad, el autor de este post nunca llegará a asumirlo. En consecuencia, queda el deseo de verlo hecho realidad, escrito, quién sabe, quizás por alguna IA creativa convenientemente dirigida10 o motivada por el espíritu del Ortega que aguarda en la memoria de sus obras.

____________________

  1. Ortega y Gasset, Tomo V (1933-1941). Obra póstuma. 2009. Pag. 292 ↩︎
  2. Lewis Mumford, Technics and Civilization, 1934. Sobre Lewis Mumford, más aquí ↩︎
  3. Martin Heidegger, Die Frage nach der Technik (The question concerning Technology/La cuestión sobre la tecnología), 1954 ↩︎
  4. Oswald Spengler, Der Untergang des Abendlandes, 1918 – 1923 ↩︎
  5. Oswald Spengler es también autor de Der Mensch und die Technik (El hombre y la técnica), 1931 ↩︎
  6. Mitcham, Carl. Thinking through Technology: The Path between Engineering and Philosophy. University of Chicago Press, 1994. ↩︎
  7. Ortega y Gasset, Tomo IX (1933-1948). Obra póstuma. 2009. Pag 617 ↩︎
  8. La cita que sigue, siendo generosa, no es la conferencia completa. (Ver 5.) ↩︎
  9. Llegué a él, gracias a la amabilidad de Julián Diez, que tuvo a bien atenderme mientras preparaba una presentación para la conferencia anual de la SFRA de 2021 ↩︎
  10. He tenido diversas conversaciones con ellas y sus «alucinaciones» sobre el tema dan que pensar. ↩︎

Jariego, Francisco J.. ‘Meditando con Ortega y Gasset. Sobre la tecnología y más allá’. Adyacente posible, 24 de agosto 2025. https://adyacenteposible.com/2025/08/24/meditando-con-ortega-y-gasset-sobre-la-tecnologia-y-mas-alla/.

2 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Avatar de Desconocido Anónimo dice:

    Fue Ortega una lectura inesperada en el curso de metodología e historia de la ingeniería. Un post (reflexión) necesario hoy día. Gracias!

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    1. Avatar de Paco Jariego Paco Jariego dice:

      Muy interesante que Ortega aparezca en un curso sobre ingeniería!

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