El caso de China o como escribir desde tu jaula
La ciencia, la tecnología y la modernización no son características de la cultura china. Si las aceptamos, nos convertimos en monstruos, y esa es la única manera de convivir con las nociones occidentales de progreso.
En el año 2000, escribió una novela que describe el colapso de Estados Unidos en un mundo dominado por China, 2066: Red Star Over America (火星照耀美国, Huoxing Zhaoyao Meiguo)1, en la que imagina la caída de las Torres Gemelas. Ocurrió al año siguiente, el 11 de septiembre de 2001. En 2016, otro libro suyo, el primero de la Trilogía Hospital (医院三部曲), imagina un mundo transformado en un gigantesco hospital, con médicos que atendían a personas en sus hogares, tal como ocurrió durante la pandemia de coronavirus en China.
Pensaba que solo estaba escribiendo, pero que era imposible que sucediera. Este es un ejemplo de cómo la realidad se parece más a la ciencia ficción que la propia ciencia ficción2.
O como solemos decir en España: la realidad supera la ficción.
El autor de estas dos obras, aparentemente proféticas, es Han Song, que nació en Chongqing en 1965, un año antes del comienzo la Revolución Cultural China. Con ese nombre tan sugerente (o Gran Revolución Cultural Proletaria), el dictador comunista Mao Zedong pretendía «purgar» los elementos contrarrevolucionarios de la sociedad china, incluidos los intelectuales y los científicos, e imponer su ideología (que ha pasado a la historia como maoísmo) como la corriente dominante dentro del Partido Comunista Chino. Mao de nuevo a la carga después del fracaso del Gran Salto Adelante, período durante el cual murieron del orden de 30 millones de personas en lo que se conoce como la Gran hambruna china.
El padre de Han, periodista, se las apañó para llevar a casa revistas y libros de ciencia que fascinaban a su hijo, como la popular serie de libros de ciencia para niños One hundred thousand whys, escrita por el escritor soviético Mikhail Il’in. Han continuó sus estudios de inglés y periodismo en la universidad y publicó su primer relato de ciencia ficción Cosmic Tombstones (宇宙墓碑) en la revista taiwanesa Huanxiang, en 1981, con solo dieciséis años. Estuvo prohibido en la República Popular China debido a su tono sombrío, en el que la humanidad se veía reducida a lápidas negras dispersas por el universo. Se publicó por fin diez años después en 1991, el año en que Han comenzó a trabajar para la agencia estatal de noticias Xinhua, como Tombs of the Universe, y posteriormente en la colección Sinopticon.
Han es un reconocido autor de ciencia ficción en China. Ha sido presidente de la Asociación China de Ciencia Ficción y ha ganado el prestigioso Premio Yinhe (Premio Galaxia o Galaxy Award), considerado la máxima distinción de la literatura especulativa en China, en seis ocasiones. Pero si hoy alguien pregunta por la ciencia ficción china en cualquier librería del mundo, el nombre que aparece primero no es Han Song. Es Liu Cixin y El problema de los tres cuerpos (三体) de Liu Cixin. La obra fue publicada inicialmente por entregas en 2006 en la revista Science Fiction World, y en 2008 en formato libro, convirtiéndose en una de las novelas de ciencia ficción más populares de China. Fue traducida al inglés por Ken Liu y publicada por Tor Books en 2014, e inmediatamente agasajada por George R. Martin, Mark Zuckerberg y por el presidente Barak Obama, extendida en una trilogía, como toda novela de éxito que se precie, y convertida en serie global por la multinacional Netflix.
Liu Cixin nació dos años antes que Han Song, en 1963, estudió ciencias de computación y trabajó como ingeniero en una central eléctrica en la provincia de Shanxi. Escribía por las noches cuando su hija se dormía y acabó construyendo uno de los grandes éxitos de la ciencia ficción contemporánea. ¿Qué había escrito Cixin para merecer elogios de personajes ilustres? ¿Por qué un presidente de los Estados Unidos, cuando todavía no se había inventado la estrategia de bullshitificación de Trump se tomaba la molestia de alabar a un autor chino de ciencia ficción?
La Revolución Cultural aparece en sus primeras páginas con un pulso narrativo que capta de inmediato la atención del lector occidental curioso. ¿Es posible que un autor chino que reside en China vaya a desvelarnos algo que no sepamos sobre la década final de Mao Zedong? ¿Será capaz de conectarlo con la especulación científica que esperamos los lectores de ciencia ficción dura, los exploradores de mundos posibles invocados por la publicidad de Obama? ¿Es esto posible en un régimen autocrático o habrá seguido las reglas del dictado de todo buen escritor en una dictadura?
La estrategia de Liu Cixin es tremendamente pragmática. La novela se escapa poco después de su provocador comienzo hacia las estrellas de la irrelevancia comercial. El conflicto político se disuelve en divagaciones sobre física teórica, en juegos de civilizaciones cósmicas, y en un universo donde los problemas de China quedan desdibujados en una serie de escenas irrelevantes que nos muestran a burócratas aburridos como en cualquier otro lugar del mundo civilizado. Al lector se lo sumerge en una máquina de fantasías repetitivas con presuntos fundamentos o alusiones a la teoría del todo y más allá, que no son más que una excusa. ¿Es una estrategia deliberada? ¿Anticipaba Cixin que era el camino para la fama? ¿Fue suerte o había alguna otra intención?
El gobierno chino actual ha promovido la ciencia ficción como espejo del avance tecnológico del país y su influencia global. Xi Jinping se declara admirador de Julio Verne, y la administración estatal de cine ha comprendido que a apoyar las películas de ciencia ficción es oportuno, quizás inevitable, como estrategia de marca país y como fuente de poder blando. ¿Quién creería, en occidente al menos, que China es una potencia tecnológica, si la literatura o el cine que exporta no contiene las dosis de imaginación (o fantasía) y no está a la altura de los hits cinematográficos occidentales? ¿Y quién renunciaría a volcar en las mentes de cientos de millones de espectadores las dosis de mensajería hipervitaminada que todo régimen político que se precie se ve forzado a ofrecer a sus gobernados? Y ciertamente, ¿Qué le cuesta a un país que está en la primera fila del desarrollo tecnológico financiar series grandilocuentes de ciencia ficción?
Como El problema de los tres cuerpos de Liu Cixin.
Regresemos a la mirada de Han Song, cuya vida y obra nos ofrece pistas y algunas claves mucho más interesantes que el gran despliegue mediático sobre el rol y la herramienta de la ciencia ficción. En 2013 publicó un artículo titulado Chinese Science Fiction: A Response to Modernization, en Science Fiction Studies3:
Cuando Ken Liu se convirtió en el segundo chino-estadounidense, después de Ted Chiang, en ganar importantes premios de ciencia ficción en Estados Unidos, sus fans en China se entusiasmaron.
Tanto Liu como Chiang escriben en inglés, pero sus logros demuestran el auge de los escritores de ciencia ficción de origen chino en el siglo XXI.
En la primavera de 2012, Liu Cixin, el escritor de ciencia ficción más destacado de China, fue invitado a la Feria del Libro de Londres junto con decenas de autores reconocidos. Fue la primera vez que un escritor chino de ciencia ficción participaba en un importante evento cultural internacional. La noticia más reciente es que Liu ha sido invitado por el Foro Económico Mundial a pronunciar un discurso sobre el futuro de la humanidad en Davos en 2013. «Liu es uno de mis héroes literarios y me ha influenciado bastante», ha declarado Ken Liu en su blog.

Breve historia de la CF ficción China
Hasta 20134
La ciencia ficción china hizo su debut hace más de cien años cuando Liang Qichao (1873-1929) publicó su obra Xin Zhongguo Weilai Ji [El futuro de la nueva China] en 1902. Liang fue uno de los políticos e ideólogos más importantes de la China contemporánea, y en su novela predice que China se convertiría en una potencia mundial en 1962. Liang tradujo al chino la obra de Julio Verne Deux ans de vacances [Dos años de vacaciones, 1888]. Lu Xun (1881-1936) fue otro pionero en la traducción de ciencia ficción, que introdujo en China varios relatos de Verne, entre ellos el célebre De la terre à la lune [De la Tierra a la Luna, 1865].
Tanto Liang como Lu creían que la ciencia ficción contribuiría a la difusión del conocimiento moderno en China, liberaría la mente de las personas y propiciaría avances positivos en una civilización en decadencia que estaba siendo superada por las naciones occidentales industrializadas. Y durante un breve período a principios del siglo XX, la ciencia ficción escrita por autores nativos se popularizó. El género infundía orgullo en los lectores que veían a China derrotar a los países occidentales con armas imaginarias de alta tecnología en el futuro.
Tras la fundación de la República Popular China por Mao Zedong en 1949, la ciencia ficción resurgió con fuerza en medio de un movimiento nacional para industrializar el país. A la vanguardia de la escritura de ciencia ficción en esta Nueva China se encontraba Zheng Wenguang. Zheng, Nació en Vietnam en 1929, regresó a China en 1947 para estudiar astronomía en la prestigiosa Universidad de Zhongshan y en 1954, publicó el primer relato corto de ciencia ficción de la China socialista, «Cong Diqiu Dao Huoxing» (De la Tierra a Marte), que le hizo famoso. La historia trataba sobre la primera expedición comunista al misterioso planeta rojo5.
Durante la caótica y violenta Revolución Cultural (1966-1976), Zheng y otros escritores de ciencia ficción fueron silenciados porque el género era considerado una manifestación de la cultura occidental corrupta que podía confundir al pueblo. Tras las reformas y la creciente apertura introducidas a finales de la década de 1970, que propiciaron un renovado respeto por los intelectuales y los científicos, los escritores de ciencia ficción retomaron su trabajo, pero en 1983, la prensa del Partido volvió a criticar la ciencia ficción por «difundir pseudociencia y promover elementos capitalistas decadentes».
Este difícil período continuó hasta principios de la década de 1990, cuando China comenzó a establecer una economía de mercado y fomentó una escritura más libre. Desde entonces, muchos jóvenes escritores han pasado a ocupar un lugar central, y el renacimiento de la ciencia ficción china ha dado como resultado un público lector global.
China está experimentando un auge de la ciencia ficción a medida que el país se alza como un verdadero gigante.
En el momento en que Han publica su artículo, 2013, cientos de libros de maestros occidentales de la ciencia ficción, como Isaac Asimov, Robert A. Heinlein, Arthur C. Clarke y Philip K. Dick, se han traducido al chino. Además, desde la década de 1990, China ha importado un gran número de superproducciones de ciencia ficción estadounidenses, entre ellas E.T., Parque Jurásico, Star Wars, Terminator, Matrix, Transformers, Avatar y la reciente Battleship. Como resultado, el público chino se está familiarizando con muchos directores y actores occidentales de ciencia ficción.
La tirada de la revista Science Fiction World (SFW), fundada en 1979, alcanzó su punto máximo a finales de la década de 1990, con más de 400.000 ejemplares, la mayor tirada de su tipo en el mundo. La revista fue sede de la Conferencia Anual de la Asociación Mundial de Ciencia Ficción en 1991 y de dos conferencias internacionales de ciencia ficción en 1996 y 2007.
Los autores de ciencia ficción actuales han abordado una amplia variedad de temas y han incorporado notables matices chinos al género. Pueden situar al país en situaciones hipotéticamente extremas para observar cómo reaccionaría la gente ante cambios radicales. A veces, ponen a prueba a China de una manera que ningún escritor convencional se atrevería a hacer.
El escritor de ciencia ficción más destacado y popular del reciente renacimiento es Liu Cixin (1963-). Creció leyendo a Julio Verne y Arthur C. Clarke y ha ganado diez veces el Premio Vía Láctea. La famosa trilogía SAN TI de Liu consta de tres libros: El problema de los tres cuerpos, Tres cuerpos: Bosque oscuro y Tres cuerpos: Callejón sin salida, publicados en enero y mayo de 2008 y noviembre de 2010, respectivamente. En ellos, Liu desarrolla su teoría del Bosque oscuro, que sugiere que los humanos no deberían intentar contactar con extraterrestres; tema que también planteó el famoso físico teórico y cosmólogo inglés Stephen Hawking.
Otro escritor importante es Wang Jinkang (1948- ), autor de 20 novelas de ciencia ficción, entre ellas Yi Sheng [La vida de las hormigas, 2007] y Shizi [Cruz, 2008], una novela sobre un ataque extremista de guerra biológica contra los Estados Unidos.
Tanto Liu como Wang creen que China debería asumir una mayor responsabilidad en la solución de los problemas que afrontan los seres humanos en un mundo cambiante. Como país poderoso con una larga historia, China desempeña un papel cada vez más importante en los asuntos internacionales y por esta razón, China debería asumir las responsabilidades que le corresponden en los asuntos interestelares entre los seres de la Tierra y otros planetas.
Lo cierto es que, mientras que la mayor parte de la literatura convencional actual se centra en el pasado de China, la ciencia ficción mira hacia el futuro. Y en China, el futuro es ahora.
Han explicita que, comparados con sus predecesores, los escritores de ciencia ficción modernos se enfrentan a menos presiones y restricciones. Tanto Liu como Wang describen el caos de la Revolución Cultural, la época más desesperada de la historia china; pero no era fácil publicar un libro sobre un tema como la Revolución Cultural en la década de 1980, cuando la ciencia ficción era un tema particularmente delicado. Para algunos escritores de ciencia ficción contemporáneos, solo China tiene futuro en el mundo, mientras la sociedad occidental continúa perdiendo impulso en la actual crisis financiera.
Sin embargo, no todos los escritores son tan optimistas respecto al futuro del mundo; y sus visiones de futuro distan mucho de ser utópicas. En Shu Nian [El año de la rata, 2009], de Chen Qiufan, China comienza a exportar ratas genéticamente modificadas al mercado mundial para mantener su crecimiento económico. Pero las nuevas ratas acaban evolucionando hasta convertirse en una especie inteligente y desarrollando su propia cultura y religión. La sociedad china se encuentra, por lo tanto, bajo una gran amenaza.
He Xi (1971-), ingeniero informático residente en la provincia de Sichuan, es otro destacado escritor de ciencia ficción dura, solo superado por Liu Cixin y Wang Jinkang. En su obra Liudao Zhongsheng [Seis líneas de Samasara, 2002], los científicos dividen el territorio chino en seis partes modificando la microestructura de la materia. De esta forma, China logra reubicar a su población excedente en estos nuevos mundos y proporcionarles suficiente agua, petróleo, carbón y otros recursos; pero al final estallan conflictos entre los distintos mundos, atrapados en una crisis moral. Esta novela corta refleja fielmente los dilemas actuales de China.
En «Beijing Yiwai Quanbu Feiqi» [Todos vuelan hacia arriba sin Pekín, 2009], de Pan Haitian, el autor describe cómo, después de que una misteriosa fuerza antigravedad hace que todos los continentes, países y ciudades se eleven hacia el cielo, solo Pekín permanece en tierra debido a un error estadístico. «¿Nos ha olvidado el mundo?»
Las escritoras tienen una fuerte presencia en el panorama de la ciencia ficción china. Ling Chen (seudónimo de Yu Lei [1971- ]) fue editora de la revista de informática más importante del país. Su novela más famosa es Yueqiu Beimian [En la Luna, 2002], en la que China ha establecido una base lunar para competir con Estados Unidos; la corrupción pronto se extiende al espacio exterior y la construcción de la base resulta una chapuza.
Zhao Haihong (1977- ), profesora de inglés y madre de una niña pequeña, ha escrito una serie de relatos sobre un mundo singular dominado por una fuerza misteriosa llamada Onda Mágica, que transporta energía, información y materia simultáneamente. Pero lo que más impresiona a Han Song es su cuento “Yijiuersan Nian De Kehuan Gushi” [Un relato de ciencia ficción ambientado en 1923, 2007], que profundiza en la naturaleza ilusoria de la revolución en un mundo industrializado.
Y aquí llega la sorprendente conclusión, el dilema de Han Song:
La realidad es que los escritores chinos de ciencia ficción se encuentran en una situación bastante contradictoria. La ciencia, la tecnología y la modernización no son características de la cultura china. Son como entidades ajenas. Si las aceptamos, nos convertimos en monstruos, y esa es la única manera de convivir con las nociones occidentales de progreso.
Y una mirada a la zona oscura:
Los escritores chinos de ciencia ficción aún enfrentan muchos problemas. Si bien la etiqueta de «escritor de ciencia ficción» puede sonar atractiva, la escritura de ciencia ficción en China sigue siendo una actividad marginal. La ciencia ficción se percibe como intrascendente porque no puede resolver problemas de la vida real. Además, el gobierno puede intervenir si considera que el género ha ido demasiado lejos conceptualmente.
Leyéndolo he tenido que darme la vuelta y hacer varias comprobaciones para asegurarme de que no estoy en China y no tengo al gobierno chino detrás, aunque en realidad ¿cómo saberlo?6789

La ciencia ficción china hoy
El artículo de Han Song ha sido citado en más 80 publicaciones académicas10, lo que nos permite explorar valoraciones posteriores. Destaco algunas que recogen el sentimiento de quienes miran y estudian la ciencia ficción en China.
Ciencia ficción china: Importada y autóctona
La relación entre ciencia y ciencia ficción en la historia de la ciencia ficción china ha estado estrechamente ligada tanto a la influencia de la ciencia occidental como a los ideales de progreso, nacionalismo e imperio. Sin embargo, al examinar la larga historia de la especulación filosófica en China, surge una perspectiva muy diferente11.
- Primero, ¿qué se considera ciencia ficción china?
- Segundo, ¿en qué «ciencia» se basa?
- Tercero, ¿cómo podemos, si es que es posible, conectar la ciencia ficción china nacida de la modernidad científica con una posible ciencia ficción china alternativa que surja de tradiciones chinas más profundas de filosofía natural?
La ciencia ficción china —kehuan xiaoshuo— ha sido un fenómeno modernista surgido de la interacción con Occidente, y ha estado inextricablemente ligada a la ciencia moderna, excluyendo en gran medida las ciencias autóctonas.
Los autores más destacados de ciencia ficción dura, Liu Cixin y Wang Jinkang, se formaron como ingenieros: hidroeléctrico y civil, respectivamente. En contraste, varios autores de la nueva ola poseen títulos avanzados y cargos universitarios en literatura,12 y sus intereses abren la posibilidad de abordar temas de la filosofía, como los viajes en el tiempo, la transformación y la inmortalidad taoísta.
Sin embargo, ninguno de los dos grupos ha tenido una exposición evidente a temas de las ciencias autóctonas chinas, por lo que quizás no sorprenda que no aparezcan temas explícitos de estas áreas.
Ciencia ficción china: Un género en la adversidad
La ciencia ficción china comenzó a recibir una atención notable en Occidente, especialmente en el Reino Unido y Estados Unidos, cuando Liu Cixin ganó el Premio Hugo en 2015 por El problema de los tres cuerpos. Pero La ciencia ficción china no es un desarrollo natural en la literatura china13.
En 2016, el Consejo de Estado de China anunció un plan cuatrienal para promover la alfabetización científica entre sus ciudadanos, que incluía un proceso gradual para popularizar la ciencia a través de la producción de ciencia ficción.
Los escritores de ciencia ficción chinos a nivel internacional se encuentran trabajando en un momento de contradicción, de fracaso (político) y éxito (económico) a través de la literatura que producen, la cual intenta comentar eventos extremadamente polarizados desde una base cultural (la identidad china) y reinterpretando un género (la ciencia ficción) que cuenta con una rica historia propia. Esta constante negociación sitúa a la ciencia ficción china en una posición de adversidad. Algunos autores predicen que esta próspera etapa de popularidad de la ciencia ficción china se desvanecerá, mientras que otros siguen apostando por su crecimiento como instrumento para promover la diversidad en el género (Xia y Chen).
Sea cual sea el resultado, los escritores chinos de ciencia ficción continuarán reivindicando su lugar en este género occidental, afirmando su cultura y desarrollando nuevas estrategias tecno-occidentalistas para la descolonización.
El desarrollo de la ciencia ficción china y cubana en perspectiva comparada: del colonialismo a la revolución y más allá
En un artículo que compara el desarrollo de la ciencia ficción china y cubana14, los autores exploran el género literario de la ciencia ficción como herramienta para el análisis histórico y político, centrándose específicamente en el desarrollo y la transformación del género en China y Cuba. En ambos países, la ciencia ficción se introdujo inicialmente como un género extranjero, pero pronto fue apropiada por los círculos intelectuales para promover el nacionalismo y, tras sus revoluciones políticas, los ideales del socialismo y el concepto del «nuevo hombre socialista».
La ciencia ficción utópica se convirtió en un medio importante para educar a la población sobre ciencia y tecnología, y para propagar visiones específicas del futuro en esos países.
En ambos países, es posible explicar la consolidación del género de la ciencia ficción como un proceso dividido en tres fases distintas: primero, la consolidación de un nuevo género literario inspirado en su contraparte europea, que se fue alineando gradualmente con la necesidad de imaginar un nuevo futuro con aspiraciones nacionalistas; segundo, la instrumentalización del género como medio de educación y cohesión social; En tercer lugar, una nueva fase fue posible gracias a las reformas políticas que permitieron el uso de nuevos estilos y narrativas.
Dentro de los círculos intelectuales latinoamericanos, incluyendo Cuba, la ciencia ficción era considerada un género extranjero, a menudo relegado a la literatura infantil. Durante las décadas de 1950 y 1960, tanto Cuba como China implementaron una gran cantidad de programas culturales y educativos a través de sus regímenes.
En China, desde el inicio del régimen de Mao Zedong, inspirado por la experiencia soviética, el Partido Comunista Chino fomentó la lectura de literatura de ciencia ficción como una forma de impulsar el interés de los jóvenes por la ciencia y la tecnología, pero también de involucrarlos en la visión del régimen para el futuro del país, basada en valores socialistas. El mismo proceso ocurrió en Cuba durante los primeros años del gobierno revolucionario.
Las obras de ciencia ficción permitidas en ambos países estaban muy restringidas al canon soviético. Las obras preferidas solían ser de «ciencia ficción dura», novelas de ciencia ficción que no recurrían a narrativas fantásticas o científicamente disruptivas; las distopías también estaban restringidas.
Imágenes de ciencia ficción de China: construyendo futuros tecnológicos alternativos
Otro artículo publicado en Contexto Internacional15, sitúa la ciencia ficción china en el debate global sobre futuros tecnológicos alternativos. Los autores recuperan la frase del «monstruo» de Han Song y la identifican como «una contradicción esencial entre la cosmotécnica hegemónica occidental y los valores culturales chinos». Su argumento es que la CF china no es una imitación periférica de la CF occidental — es la expresión de una relación ontológicamente distinta con la tecnología. Lo que Han Song llamaba alienación, ellos lo llaman cosmotécnica propia:
Además de imposibilitar una lectura compleja del fenómeno, el concepto de unicidad en lo que respecta a la tecnología es también una herramienta política: quien define la tecnología como universal asume una posición de dominio, sometiendo a los demás a su visión del mundo
§
En 2023, la ceremonia de entrega de los Premios Hugo se celebró en la ciudad china de Chengdu, como parte de la Convención Mundial de Ciencia Ficción (Worldcon). Los Hugo se vieron sacudidos por el escándalo. Algunos correos filtrados mostraron que el propio jurado occidental se había encargado de vetar candidatos: autores como R.F. Kuang o Neil Gaiman fueron excluidos de las listas de finalistas tras ser señalados por obras o comentarios que podrían resultar «sensibles» en China. El responsable, Dave McCarty, jefe del jurado, lo describió sin ambages: «necesitamos destacar cualquier cosa de naturaleza política sensible en la obra».
No fue censura directa del Partido Comunista Chino — fue autocensura preventiva, que es, en realidad, la forma más eficaz de censura: la que no necesita ejecutarse porque ya se ha interiorizado: Censúrate a ti mismo.
Todo esto nos devuelve de nuevo a la vida y obra de Han Song.
Recapitulando. Libertad en la jaula
Han Song ha vivido toda su vida adulta haciendo equilibrios sobre una cuerda que a la mayoría de nosotros nos resultaría, sencillamente, intransitable. Periodista de Xinhua, la agencia estatal china — la voz oficial del régimen — y al mismo tiempo autor de pesadillas sobre la modernización, hospitales totalitarios y trenes que corren sin destino bajo una ciudad muerta. No es una contradicción que se resuelva fácilmente. Él mismo nunca ha pretendido resolverla.
Naturalmente, ha sido criticado por ello. Sus críticos no han dejado de observar su actitud ambivalente hacia la experiencia de cambio económico y social en China a lo largo de su carrera. Hay quien ve en su posición una forma de complicidad: el sistema le concede una libertad limitada para escribir, porque esa escritura le resulta de utilidad. Una válvula de escape para un autor que en realidad no derriba nada, o que incluso construye para el gobierno.
La cuestión es enrevesada porque la frase más citada de su artículo de 2013 — que China solo puede progresar convirtiéndose en un monstruo, y que la tecnología occidental es una entidad alienígena — admite dos lecturas contrapuestas. Una es la del escritor que señala con honestidad el precio para los humanos de la modernización acelerada. La otra es la del ideólogo —¿involuntario?— que afirma que el camino de Occidente no es el suyo, el de China, el de su país. En esa segunda lectura, Han Song no estaría exactamente subvirtiendo el sistema — estaría, sin pretenderlo o quizás de manera calculada, igual que Liu Cixin, suministrándole argumentos.
Quizás esa relación ambigua y ambivalente forma parte, de manera inevitable, del ser humano y del escritor. Los caminos de la comparación son inescrutables y esta reflexión sobre la obra de Han Song me lleva hasta otro famoso escritor, español y premio Nobel de literatura, Camilo José Cela, quien, tras finalizar la Guerra Civil en 1939, se integró en el aparato del Estado trabajando como informador y censor para el Ministerio de Información y Turismo, y actuando como confidente secreto para identificar y neutralizar a intelectuales disidentes. Curiosamente, sus dos primeras obras literarias fueron censuradas lo que hizo aumentar las expectativas de los lectores. ¿Casualidad?
Han Song estima que aproximadamente la mitad de sus escritos no se han publicado en China debido a la censura. Esto incluye Mi país no sueña (我的祖国不做梦), que ha circulado ampliamente en línea.
Se atribuye a Cela la afirmación:
La libertad es una sensación; a veces puede alcanzarse encerrado en una jaula, como un pájaro.

Escribir desde dentro de una jaula no es lo mismo que celebrarla. Han Song ha vivido encerrado en una durante décadas, pero la realidad, y quizás esta es la verdadera cuestión, es que todos vivimos dentro de alguna jaula: nuestro cuerpo, nuestras percepciones, nuestra patria, nuestro planeta…
Han Song ahora tiene demencia. Lo ha contado él mismo, con la misma frialdad con que describía en el año 2000 el derrumbe de las Torres Gemelas — el mismo interés clínico con que observa a sus propios personajes. En la red social Weibo, donde tiene más de un millón de seguidores, lleva años compartiendo, con todo detalle, el avance de la demencia y otras dolencias.

Encontró en Weibo una forma de seguir escribiendo cuando la creación de ficción empezaba a resultarle demasiado agotadora. Y comenzó a experimentar con DeepSeek, el chatbot chino de inteligencia artificial, sorprendido porque a veces producía mejores historias que las suyas. Han lo ha adoptado como una herramienta. como las muletas que le permiten superar su cojera cognitiva para poder seguir dando algunos pasos más.
El hombre que escribió que la tecnología es una entidad alienígena, que aceptarla nos convierte en monstruos, que la modernización china es un tren que corre sin saber adónde va — ese hombre tiene que admitir ahora que una máquina le ayude a terminar sus frases. No es una ironía cruel. Es el destino.
Como algún día mi memoria podría desaparecer de verdad, solo quiero escribir todo esto. Como recordatorio para mí mismo y para cualquiera que esté interesado en estudiarlo.
Han sigue escribiendo.
Y cabe preguntarse si no es eso en realidad lo que hacemos todos, lo que hace una sociedad, una cultura, un especie que lo único que puede dejar tras de sí es un rastro, no sabemos muy bien por qué ni para qué. ¿Para los que vienen detrás? Para el LLM que, finalmente, lo integrará todo y mostrará, a los que estén entonces a su lado y sean conscientes claro, la solución.
- Literalmente, Marte ilumina America ↩︎
- Wang, Vivian. «A Science Fiction Writer Wrestles With China’s Rise, and His Own Decline». World. The New York Times, 27 de mayo de 2025. ↩︎
- Song, Han. «Chinese science fiction: A response to modernization». Science Fiction Studies 40, n.o Part 1 (2013): 15-21. ↩︎
- Sigue en detalle la exposición de Han Song en el artículo citado ↩︎
- Admitamos que esta es una de nuestras más claras obsesiones cros-culturales ↩︎
- Barnes, Julian E. «China Aims A.I. at Predicting Who Could Pose a Political Risk». U.S. The New York Times, 1 de junio de 2026. ↩︎
- «Pakistan: Mass Surveillance and Censorship Machine Is Fueled by Chinese, European, Emirati and North American Companies». Amnesty International, 9 de septiembre de 2025. ↩︎
- Business and Human Rights Centre. «Report: Silk Road of Surveillance: The Role of China’s Geedge Networks and Myanmar Telecommunications Operators in the Junta’s Digital Terror Campaign». Accedido 12 de junio de 2026. ↩︎
- Asia, Global Voices East. «How a Chinese Company Exports the Great Firewall to Autocratic Regimes». Global Voices Advox, 18 de septiembre de 2025. ↩︎
- Google Scholar ↩︎
- Raphals, Lisa. «Chinese Science Fiction: Imported and Indigenous». Osiris 34, n.o 1 (2019): 81-98. https://doi.org/10.1086/703867. ↩︎
- Un tema que destacamos en el análisis de la ciencia ficción española: «Encuentros en la tercera fase», España Siglo XXI – Reimaginando Futuros, I Congreso Internacional de ciencia ficción latinoamericana y española (2010-2020), Laboratorio de Futuros, Universidad de Alcalá de Henares, Junio, 2023 ↩︎
- Ooi, Yen. «Chinese science fiction: A genre of adversity». SFRA Review 50, n.o 2-3 (2020): 141-48. ↩︎
- Barbosa, Laura Pimentel. «The Development of Chinese and Cuban Science Fiction in Comparative Perspective: From Colonialism to Revolution and Beyond». Contexto Internacional 46 (16 de diciembre de 2024): e20230065. https://doi.org/10.1590/S0102-8529.20244603e20230065. ↩︎
- Assis, Jonathan de Araujo de, y Héctor Luis Saint-Pierre. «China’s Sci-Fi Images: Constructing Alternate Technological Futures». Contexto Internacional 46 (2024): e20220062. ↩︎

Jariego, Francisco J. «Ciencia ficción, modernización y progreso». Adyacente posible, 12 de junio de 2026. https://adyacenteposible.com/2026/06/12/ciencia-ficcion-modernizacion-y-progreso-libertad-y-censura/.

